La crisis sanitaria se encuentra en un momento crítico, situación que ha significado que lleguen a las unidades de cuidados intensivos pacientes que en la primera ola de la pandemia no llegaban, como lo son jóvenes y embarazadas.

Pero la crisis no sólo significa el aumento significativo de casos y muertes, sino también trae consigo el deterioro de la salud mental de los profesionales de la salud, quienes día a día se enfrentan a la muerte, la enfermedad y el dolor.

Así lo vive Evelyn Astorga, enfermera de la UCI adulto del Hospital de La Serena, quien comenta que hay un caso que en su lugar de trabajo que la afecta emocionalmente: en su unidad ingresó una mujer embarazada junto a su pareja, ambos con Covid y actualmente sedados. Dado a las complicaciones de la mamá, el equipo de salud decidió sacar al bebé por cesárea.

— Es un bebé que no conoce lo que es calmarse con el latido de su mamá porque ella está luchando por su vida con un ventilador mecánico.

Evelyn se acerca al oído de la mamá del bebé y le pide que luche. “Por favor, tu hijo nació. Tú tienes que salir adelante. Lo tienes que conocer”, le dice.

Al llegar a su casa, la profesional debe seguir haciendo su vida normal, pues hay una familia que también la necesita. Firmemente, Evelyn debe intentar olvidar el “dolor que te deja una jornada de trabajo”.

Esta es parte de la realidad de laboral que deben enfrentar las enfermeras en un contexto sanitario adverso, el cual, además del impacto emocional, está cruzado por extensas jornadas de trabajo, inexistencia de condiciones laborales óptimas, la ausencia del gremio en la toma de decisiones e invibilización de su trabajo.

Desigualdad en las condiciones laborales y extensas horas de trabajo

Desde el inicio de la pandemia la labor de las y los profesionales de la salud ha sido destacada, pues son esenciales para frenar la situación sanitaria. Sin embargo, hay una labor que no ha sido tan visible como lo es la enfermería, quienes son la primera línea del cuidado de pacientes. Dado a que están en directa relación con ellos, tienen mayor probabilidad de contagio.

La crisis sanitaria ha ido en aumento y el panorama se ha vuelto desalentador. El alza de los casos y cantidad de fallecidos ha significado la implementación de medidas restrictivas como, por ejemplo, el toque de queda, el cual desde el lunes 5 de abril se adelantó a las 21:00 horas. Esta situación se traduce en una extensión de las jornadas laborales de los profesionales de la salud.

Según explica a El Mostrador Braga la representante de la red de Enfermeras Feministas de Chile, Amparo Muñoz, en el caso específico de las enfermeras, esta medida gubernamental genera cambios en la organización del cuidado, pues las profesionales se deben predisponer mental y físicamente para hacer turnos de 24 horas.

En suma, al aumento de carga laboral, también deja evidencia las diferencias en las condiciones laborales entre los profesionales de salud, donde los turnos de 24 horas sólo están normados por ley para los médicos. En la práctica, esto se traduce a que disponen de residencia médica, es decir, un lugar dentro de los recintos de salud donde pueden descansar durante el turno. Sin embargo, existen otros profesionales que también cumplen extendidos turnos, pero no tienen estas garantías, como es el caso de la enfermería.

El inicio de la pandemia significó para los equipos de salud tener que aprender todo de nuevo, pues se enfrentaron a una realidad que no conocían. La enfermera en la UCI Hospital Provincial de Ovalle, Natalia Figueroa, cuenta que la dinámica en la interna de los equipos se vio alterada y que la crisis sanitaria aumentó considerablemente la carga laboral. Sin embargo, precisa Figueroa, que “antes de la pandemia también había abusos con relación a la carga o a los mismos derechos laborales”.

Invisibilizadas

Reguladas en el servicio público por  las leyes 18.834 y 18.833 y por artículo 113 del Código Sanitario, las enfermeras son las responsables de velar por la gestión del cuidado sanitario dentro de la red de salud. Es decir, deben garantizar las condiciones de la atención de manera tal que permita la máxima calidad y el máximo uso de insumos, lo cual debe determinar la menor complicación del paciente.

Sin embargo, pese a la relevancia de su trabajo en el cuidado de los pacientes, su labor en pandemia ha sido invisibilizada.

Para la representante de la red de enfermeras y docente de la Universidad Central, Amparo Muñoz, la labor de la enfermería ha sido históricamente invisibilizada, pero esta situación claramente se ha agudizado aún más en pandemia, donde, por ejemplo, el proceso de vacunación fue impuesto por el gremio médico, los cuales no cumplen la función de vacunar. “Desde el origen de la enfermería hemos estado a cargo de la vacunación y cuando aparece la campaña nunca hubo una entrevista a las enfermeras”, señala.

Esta situación, explica la profesional, responde a que los equipos médicos están pensados como si fueran una pirámide, en la cual “hay una porción que tiene todo el privilegio, incluyendo todo el sueldo, y después estamos todo el resto que no somos profesionales médicos”. Esta situación hace creer que quien se encuentra el cargo más alto es aquel que tiene más responsabilidad.

Ante esto, Amparo Muñoz señala que la invibilización responde a un problema estructural, el cual sienta sus bases en cómo está pensado el cuidado en Chile. Puesto que no se le da el reconocimiento profesional que tienen las labores de cuidado, entendiendo este último desde la imposición y no desde el trabajo.

Patriarcado biomédico

Desde la red de Enfermeras Feministas de Chile, utilizan el concepto de “patriarcado biomédico”, el cual es la construcción de un rol profesional desde el punto de vista de un solo gremio. Amparo Muñoz explica que “esta construcción organiza a todas los demás para su propio beneficio, en este caso, el médico organiza las demás profesiones a su conveniencia”.

Pero el patriarcado también queda en evidencia en cómo se ve en el país a otras profesiones, “sobre todo en profesiones feminizadas como lo es enfermería, donde siempre se debe demostrar un superpoder de hacer más”, señala Muñoz.

Esto tiene directa relación con la invisibilización que se acusa desde el gremio, ya que “el patriarcado diseña eso para que estés en la constante duda si eres necesaria”. Pero, además, se suma la precarización de la labor, donde “un gremio precarizado, está insegurizado y en esta inseguridad empieza a hacer más cosas porque quieres demostrar que eres útil, pero nunca vas a ser suficiente. Esa es la lección del patriarcado”.

Ser enfermera y madre

El 83% de las profesionales del área de enfermería son mujeres. Es una cifra alta y la que supone otra dificultad en tiempos de pandemia para quienes son madres, pues a diferencia de otros trabajos, la labor de las enfermeras no se puede realizar desde la casa.

Este es el caso de Evelyn Astorga, enfermera del Hospital de La Serena, lugar donde se dedica a la coordinación de los servicios. La profesional es madre de dos niños, uno de 10 años y otro de un años y cinco meses. El compatibilizar su trabajo presencial y el cuidado de los hijos ha sido una situación complicada, pues además “no hay jardines infantiles, no hay colegios y nosotras tenemos que cumplir nuestra jornada laboral igual”, explica.

La realidad de Evelyn es la realidad de la mayoría de las profesionales de la salud, las cuales son discriminadas por sus entornos dado al nivel de exposición al virus. Por lo mismo, explica la profesional, les cuesta mucho más que las ayuden en el cuidado de sus hijos e hijas.

Todas las mañanas Evelyn debe llevar a su hijo menor al jardín infantil del hospital porque es su única red de apoyo. Pese a que esto es una ayuda tremenda para poder cumplir su labor profesional, también esto ha significado un gran dolor y preocupación para ella. “Mientras todos los niños están con sus mamás en sus casas, tú tienes que poner al tuyo todos los días llevándolo a un jardín con otros niños de papás que también están trabajando con Covid. Sabes que en algún momento puede haber un contagio y eso es vida o muerte”.

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