La histórica ola de calor que asfixia el noroeste de Norteamérica y que ha disparado los termómetros a niveles más propios de Oriente Medio está teniendo también un devastador coste humano. En la provincia de la Columbia Británica en Canadá se han registrado ya cerca de 140 muertes en las que las altas temperaturas se consideran causa principal o factor contribuyente. En Washington y Oregón, los dos estados de Estados Unidos más oprimidos bajo esta cúpula de calor de una intensidad y extensión inéditas en la región, al menos son seis los fallecidos.

Es una letalidad que está afectando sobre todo a personas mayores o con problemas médicos previos y las autoridades advierten que se elevarán aún más las cifras de decesos, a las que se suman además decenas de visitas a emergencias e ingresos hospitalarios.

Conforme la localidad canadiense de Lytton batía de nuevo los récords históricos de Canadá con una temperatura que el martes alcanzó los 49,6 grados centígrados, las autoridades mostraban alerta ante “la preocupante escalada de muertes súbitas en la ola de calor”.

Si en un periodo normal de cuatro días la oficina forense de la provincia recibe 130 informes de fallecimientos, solo entre el viernes y el martes tuvieron 233. Vancouver ya ha informado de al menos 65 llamadas sobre muertes súbitas desde el viernes, incluyendo 20 el martes. Mientras, la Policía Montada de Canadá (RCMP) reportó 35 de esas llamadas en Burnaby y 38 en Surrey.

Los servicios de respuestas de emergencia están abrumados y las esperas de ambulancias en algunos casos se prolongan horas, una realidad que han reconocido fuerzas como la policía de Vancouver, que ha pedido que solo se llame a su número para emergencias y ha reconocido que los tiempos de respuesta sufren “severos retrasos”. Y entre los mensajes de las autoridades está también el recordatorio que lanzaba el cabo Mike Kalanj, portavoz de la RCMP: “es imperativo que nos cuidemos unos a otros durante este calor extremo”.