Aunque las películas nos hayan hecho pensar que la posibilidad de que un asteroide choque contra la Tierra están solo en el terreno de la ciencia ficción, lo cierto es que nuestro mundo ya ha recibido la ‘visita’ de varias rocas espaciales con desastrosos resultados. El capítulo más famoso es el del meteorito de 15 kilómetros de diámetro que provocó el cráter de Chicxulub (en México), un suceso que hace 66 millones de años desencadenó una hecatombe de proporciones planetarias que acabó con el reinado de los dinosaurios. Pero este es solo uno de los 190 cráteres de impacto de objetos extraterrestres confirmados hasta ahora en una lista que no ha parado de crecer. Aunque la mayoría cayeron hace miles de años, la estadística y los modelos predictivos señalan que es un evento que podría producirse en cualquier momento.

Pero, sabiendo todo esto, ¿contamos con algún plan? Lo cierto es que, por fortuna, sí.

 

Nuestro planeta recibe anualmente unas 30.000 toneladas de polvo interplanetario y meteoroides (unas 100 toneladas diarias), según el Instituto Geográfico Nacional. Es decir, constantemente, sobre nuestras cabezas, caen restos espaciales. La mayoría quedan desintegrados con el roce de nuestra atmósfera que, literalmente, los pulveriza. Sin embargo, puede haber trozos más grandes que, aún mermados, sobrevivan. O que exploten. Es el ejemplo del bólido que recorrió el cielo de la ciudad rusa de Chelyabinsk en febrero de 2013, un asteroide que, en comparación con el de Chicxulub, apenas parecía un simple guijarro: antes de explotar por el roce atmosférico medía 17 metros de alto por 15 de alto. Sin embargo, eso no le impidió provocar casi 1.500 heridos y daños en miles de edificios.

«Si bien ningún asteroide conocido de más de 140 metros de tamaño tiene una probabilidad significativa de golpear la Tierra durante los próximos 100 años, solo alrededor del 40 por ciento de esos asteroides se han encontrado a fecha de octubre de 2021», afirman desde la NASA. La agencia espacial estadounidense es pionera en la monitorización de cuerpos que acechan a nuestro planeta, si bien su intención es dar un paso más. Por ello lanzará este miércoles la primera misión de defensa planetaria, cuyo objetivo será tener un plan si alguno de estos miles de millones de objetos espaciales que flotan en nuestro Sistema Solar enfila su camino hacia nosotros. Porque la misión DART (Double Asteroid Redirection Test o prueba de redirrección de asteroide doble)es la aplicación práctica de una teoría: la del impacto cinético y de cómo el ‘suicidio’ de una nave espacial puede desviar un asteroide y posiblemente salvar a la humanidad de una catástrofe.

10 meses de viaje

La misión comenzará su viaje desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California, en la madrugada del próximo miércoles día 24 (a partir de las 7.20 de la mañana en España). A partir de ahí recorrerá once millones de kilómetros hasta llegar en otoño de 2022 al sistema binario Didymos, formado por dos asteroides: uno principal y otro secundario, llamado Dimorphos, que orbita al primero. Una suerte de ‘luna’ que será el objetivo de la nave DART, pues se estrellará contra ella pero sin destruirla, solo con la intención de desviarla de su órbita con un ‘pequeño empujón espacial’. «La colisión cambiará la velocidad del satélite en su órbita una fracción de un uno por ciento, lo que servirá para cambiará su periodo orbital en varios minutos, lo suficiente como para ser observado y medido con telescopios en la Tierra».

Los telescopios no serán los únicos en observar el devenir de la misión DART. Durante la maniobra, la pequeña nave llamada LICIACube, que viajará con DART hasta justo antes del choque, será el testigo de excepción, ya que grabará todo el proceso. También filmará hasta el último segundo -literalmente- el instrumento DRACO (Didymos Reconnaissance y Asteroid Camera for Optical), los ‘ojos’ de DART, que la guiarán hacia el asteroide y recogerán las imágenes de los últimos momentos de la sonda en primera persona. Toda esta información será crucial para saber hasta qué punto la misión ha sido efectiva y recabar todos los datos que permitan extrapolar los resultados a otros hipotéticos escenarios (con asteroides más o menos pequeños, a mayor o menor velocidad de impacto, etc).

Participación europea

Dos años después partirá la misión HERA. A cargo de la Agencia Espacial Europea (ESA), su objetivo será rodear a Dimorphos, mapeando su superficie, midiendo su masa y determinando el efecto de DART en su órbita. Además, dos CubeSats del tamaño de un maletín aterrizarán sobre el asteroide para recopilar datos sobre la composición y el origen de la roca. Pero, antes la NASA deberá llegar a su objetivo. «DART es el resultado de años de trabajo de un equipo dedicado y socios que han superado desafíos únicos para lograr lo primero en el desarrollo de tecnología y defensa planetaria», afirma la ingeniera mecánica de DART Betsy Congdon. Por su parte, Elena Adams, ingeniera de sistemas del proyecto, recalca: «La misión tendrá que demostrar que nuestro planeta está listo para esperar lo inesperado».

/psg