Su nombre es TOI-500 b, está a 155 años luz de distancia y es uno de los planetas más parecidos a la Tierra descubiertos hasta ahora. Sin embargo, eso no debe llevarnos a engaño. Su extraordinaria proximidad a su estrella lo convierte en un auténtico infierno, con temperaturas superficiales que superan los 1.300 grados centígrados. Es, pues, un mundo de lava, inservible para la vida pero que los científicos creen que podría reflejar fielmente lo que le sucederá al nuestro dentro de miles de millones de años. «Es como ver a la Tierra del futuro», explica a ABC la astrofísica Luisa María Serrano, primera firmante de un artículo recién publicado sobre el nuevo planeta en Nature Astronomy.

En la imagen, una comparación entre la Tierra y el nuevo planeta TOI-500 b
En la imagen, una comparación entre la Tierra y el nuevo planeta TOI-500 b – NASA Exoplanet Exploration

TOI-500 b orbita alrededor de su estrella una vez cada 13 horas. Se trata, pues, de un buen ejemplo de lo que los científicos llaman ‘ planetas de periodo ultracorto’ (USP por sus siglas en inglés), que se caracterizan por tener órbitas que duran menos de un día. Se sabe que esa clase de mundos nacen en órbitas caóticas y muy lejos de sus estrellas, para terminar después acercándose demasiado a ellas a causa de violentas colisiones con otros objetos en formación.

Pero según Serrano, «TOI-500 b resulta especial, porque parece haber llegado a su posición de forma diferente a lo normal. De hecho, podría no haber sufrido violencia alguna, y en vez de formarse en órbitas caóticas, como es lo habitual, nació directamente en una órbita circular y estable. Y desde ahí, tranquilamente y a lo largo de 2.000 millones de años, siguió girando mientras su órbita se iba restringiendo poco a poco, muy lentamente».

Un sistema con 4 planetas

TOI-500 b forma parte de un sistema en el que hay por lo menos otros tres planetas, también con órbitas circulares aunque todos ellos mucho más lejos de su sol, una estrella de tipo K o ‘enana naranja’. Sin embargo, y a diferencia de sus compañeros, el nuevo mundo se encuentra a una distancia increíblemente corta de su estrella madre, a algo menos de 2 millones de km. «En nuestro Sistema Solar -explica Serrano-, un mundo así no podría existir. La temperatura superficial de TOI-500 b es de 1.343 grados, muy por encima de los 430 grados que alcanza, por ejemplo, Mercurio, el primer planeta de nuestro sistema. Probablemente este mundo no tiene atmósfera, o si la tiene es muy metálica, y creemos que toda su superficie es de lava. TOI-500 b sobrevive a esas condiciones porque su estrella es de tipo K, algo más fría que nuestro Sol, lo que permite al planeta estar tan cerca». Mercurio, el planeta más cercano al Sol de nuestro sistema, se encuentra a 58 millones de km de él.

Un análogo de la Tierra

De tamaño muy similar a la Tierra, apenas 1,16 veces mayor que nuestro planeta, TOI-500 b tiene, sin embargo, 1,65 veces su masa. Se trata, por lo tanto, de un planeta sólido y rocoso. Fue observado por primera vez con el Telescopio espacial TESS (Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito) en 2018 por Davide Gandolfi, director del Departamento de Astrofísica de la Universidad de Turín y coautor del estudio, pero su existencia no ha podido ser confirmada hasta ahora. Según explica Serrano a ABC, «es uno de los planetas más pequeños y parecidos a la Tierra descubiertos hasta el momento, y es el primer planeta USP observado en un sistema con otros planetas que se formó según un modelo no violento, lo cual resulta fascinante. Ahora, según nuestras simulaciones, el planeta es estable».

A pesar de sus condiciones realmente infernales, los investigadores sostienen que TOI-500 b es uno de los 10 mejores planetas que existen para estudiar las atmósferas. ¿Pero cómo es esto posible si piensan que ni siquiera tiene una atmósfera?

Según explica Serrano, «TOI-500 b perdió su atmósfera primaria. En Astronomía, la atmósfera no es lo mismo que en el lenguaje coloquial. La atmósfera primaria es la que el planeta toma del disco protoplanetario, de sus materiales volátiles. Suele ser rica en hidrógeno, que se adhiere a las rocas. Pero un planeta tan cercano a su sol no puede mantenerla, y el hidrógeno se evapora. TOI-500 b es demasiado pequeño y sin gravedad suficiente como para retenerla. Si tiene atmósfera, será secundaria, hecha de los gases que emanan del propio planeta. Si fuera así, creemos que podría parecerse a Io, el satélite de Júpiter».

Una imagen de la Tierra futura

Según los investigadores, el nuevo planeta podría ser un fiel reflejo de cómo será la Tierra dentro de miles de millones de años, cuando el Sol se convierta en una gigante roja mucho más grande de lo que es ahora. «En estos momentos -dice Serrano- estamos en un planeta en el que aún se puede vivir. Aunque se está calentando, y avanzamos hacia un mundo del tipo de Venus, con un fuerte efecto invernadero global. Pero cuando el Sol se convierta en una gigante roja, antes de morir, crecerá tanto que se tragará a los planetas interiores, como Mercurio o Venus y quizá también a la Tierra. Incluso si no lo hace, para entonces nuestro planeta estará tan cerca del Sol que toda su superficie se convertirá en una gran extensión de lava, similar a lo que es ahora TOI-500 b. En ese sentido, observar ese planeta es como ver a la Tierra del futuro».

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