Después de haber pasado desde las posturas radicales de izquierda en primera vuelta a posiciones más pragmáticas y moderadas en segunda vuelta, el nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric, deberá mostrar su verdadero rostro ahora que tendrá que tomar decisiones y fijar posturas. Pero alguien que cambia tan fácilmente de posiciones desde la radicalidad a la moderación bien pudiera no tener posturas demasiado definidas o claras. Por eso, en vez de descubrir si el verdadero Boric es el de primera o segunda vuelta, lo que probablemente descubra el país es que el verdadero Boric es un líder político incapaz de decidir entre las posturas más radicales y las posiciones más pragmáticas y moderadas. Por eso, no nos debiera sorprender que Boric quiera ser un presidente que aspire a dejar contentas a sus bases radicales y a los que esperan que sea un presidente pragmático de centroizquierda.

Desde que irrumpió en la escena política nacional como líder estudiantil en 2011, Gabriel Boric ha sorprendido tanto por las posiciones radicales de izquierda que ha defendido con fuerza como por su capacidad para tomar posiciones distintas a las posturas favorecidas por sus socios del Frente Amplio. De hecho, más que hombre de partido, Boric ha demostrado ser un lobo solitario. Ha militado en diversos movimientos. Tiene una historia de desencuentros y reencuentros con compañeros de ruta. Ha militado en Izquierda Autónoma y Convergencia Social, pero también ha sido independiente. La trayectoria política de Boric muestra un alto nivel de autonomía respecto a los partidos políticos.

Un buen político siempre debe ser capaz de negociar y conceder posiciones para lograr acuerdos más amplios. Aquellos que prefieren la defensa ciega de sus principios y sus valores o se niegan a ceder o dejar de lado algunas posturas para avanzar en acuerdos no son buenos políticos. El arte de gobernar supone saber ponerse de acuerdo con gente que piensa diferente. Por eso, la disposición de Boric a negociar no debiera ser vista como una debilidad, sino como una fortaleza.

Pero para poder ser un buen negociador, hay que tener claro cuáles son los principios intransables y cuáles son los asuntos que uno está dispuesto a poner sobre la mesa. Un buen político es aquel que puede distinguir entre sus valores irrenunciables y las creencias que pueden ser consideradas menos prioritarias o incluso dejadas de lado. Ahí es donde Gabriel Boric todavía no es capaz de dar luces respecto al país que quiere construir y al norte que lo guía.

En los meses recientes, Boric ha enviado señales claras de que quiere mantener la estabilidad macroeconómica del país. La evidencia más concreta de eso fue su decisión de nombrar a Mario Marcel como ministro de Hacienda. Marcel, un hombre que históricamente ha defendido los valores de moderación y pragmatismo centroizquierdista de la Concertación, representa lo opuesto de lo que Boric ha sido en su carrera política. Por eso, al nombrarlo, Boric ha dejado en claro que, en materia de modelo económico, está dispuesto a negociar y transar. O sea, al final, lo suyo no era querer que Chile fuera la tumba del neoliberalismo. Si quisiera terminar con el neoliberalismo, no habría nombrado a un economista que ha sido uno de los principales representantes del modelo económico que Boric dice querer enterrar.

Así como Boric ha dado señales de continuidad en el modelo económico, el nuevo presidente ha dado también señales de apoyar el esfuerzo refundacional que está impulsando la mayoría de los miembros de la convención constitucional. Ha tenido tiempo para opinar sobre Taylor Swift, pero no ha sido capaz de pronunciarse sobre las iniciativas abiertamente estatistas y contrarias a los derechos de propiedad que han sido aprobadas en comisiones de la convención y algunas que incluso ya han sido votadas favorablemente en sala. El silencio cómplice de Boric con las barbaridades que está aprobando la convención constitucional contrasta profundamente con su celebrada decisión de nombrar a Marcel en Hacienda.

Esa contradicción pudiera ser oportunismo político. Después de todo, muchos políticos aspiran a quedar bien con todas las posiciones. Pero en el caso de Boric, cabe considerar la posibilidad de que su ambiguo comportamiento respecto a cuál es el norte que lo motiva pudiera deberse a que el nuevo presidente no tiene muy claro cuál es ese norte. De hecho, el nombramiento de su ecléctico gabinete —con moderados y radicales de izquierda— pudiera ser un fiel reflejo de la confusión que tiene el propio presidente respecto a cuál es el verdadero Boric, si el radical de primera vuelta, el moderado de la campaña de segunda o, lo que sería mucho peor, ambos.

Por Patricio Navia para El Líbero

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