Volviendo a las certezas que dejaron de serlas, la columna de Moisés Naím esta semana parece ser ad-hoc -porque la crisis de certezas no sólo es local. “En Afganistán no solo fue derrotado el ejército más costoso y tecnológicamente avanzado del planeta. También lo fueron dos ideas que hasta ahora habían tenido mucha influencia en el mundo occidental. Una es que la democracia se puede exportar y la otra es que los militares estadounidenses son los mejores del mundo”, escribe, en vísperas de los 20 años de los atentados a las Torres Gemelas. Y a esas ideas derrotadas se suman varias otras por acá en vísperas de que la Convención comience a debatir sobre el fondo.

“En estos 30 años que no le gustan a la izquierda, Aylwin buscó la integración del país; Frei la proyección del modelo de desarrollo; Lagos la reinserción de la izquierda democrática bajo una inspiración republicana, y Piñera un modelo de gestión profesional de todos”, escribe Gonzalo Cordero el domingo pasado. Y agrega: “Estos cuatro presidentes encarnan una idea de país que hoy está bajo amenaza”. Y la propuesta de eliminar de Carabineros, es parte de eso mismo, dice.

“Algo va mal” escribe Ernesto Ottone desde otra vereda, en referencia al ensayo de Tony Judt, pero apuntando a la crisis que atraviesa la centroizquierada -y con ella, la política en Chile. “Si no se produce un cambio muy significativo en la calidad de la política que incluya la existencia robusta de un sujeto reformador y progresista que fortalezca el espacio disminuido de la centroizquierda, el país no podrá alcanzar un desarrollo capaz de crear riqueza y mayor igualdad social a la vez”, asegura. Para él, terminamos quedando “prisioneros de un conservatismo mediocre o de quienes diseñan el futuro con propuestas del pasado”. A usted le toca identificar cual es cual.

Y sobre el clima político, Cristián Valenzuela apunta a que más que discutir sobre el nivel de los títulos académicos que ostentan o si tiene hijos o no, el debate entre los candidatos debería estar centrado en la consistencia de sus posiciones políticas y económicas. Mientras que Carlos Meléndez agrega que si bien “en tiempos electorales donde el marketing político parece imponerse, el debate adquiere dimensiones personalistas”, eso no debe desviar del problema de fondo, cómo responder a las demandas redistributivas. Y para ello, asegura, el primer paso es “garantizar un mandato popular diáfano”, cosa que según él no ha pasado en las últimas décadas.

Todo lo anterior, alerta por su parte Sergio Muñoz Riveros, se complica por lo que califica como “la subcultura del vctimismo”. “El negocio político-electoral de este tiempo incluye el recurso de instrumentalizar el victimismo que reclama algún tipo de revancha”, escribe. “Necesitamos una sociedad mejor para todos, no un archipiélago de minorías”, agrega. Pero en tiempos de política identitaria, como recordaba hace un tiempo Ernesto Ottone, ese objetivo se hace más difícil.

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