Y en este dilema, el del buen gobierno, o podríamos decir, “la buena sociedad”, Ernesto Ottone agrega otro elemento, el de elogio a la semejanza.

Porque, dice, vivimos en un tiempo en que es la “diversidad” la elogiada, algo que “tiene aspectos… positivos”, porque sólo respetándola “se puede vivir en una democracia y generar niveles de igualdad mínima”.

Pero, al final, para construir una verdadera “convivencia democrática” se requiere también “no desconsiderar la otra cara de la moneda, la semejanza que existe entre nosotros”. Y eso, dice Ottone, es lo que no ha hecho por estos días en la Convención, donde priman “la exacerbación autonómica” y “las legitimidades contrapuestas”. Y si lograr el equilibrio “semejanza-diversidad” es el objetivo, ese no es el camino.

Por Juan Paulo Iglesia. Boletín semanal de Opinión de La Tercera .

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