Nada bien cayó entre los convencionales de centroizquierda, constituyentes que desde ya han manifestado que apoyarán el borrador de Constitución o que al menos no se han definido aún por el Rechazo, las declaraciones que dio el constituyente Fernando Atria (Frente Amplio) este fin de semana, en las que aseguró que «no hay nada que se requiera reformar» en el proyecto.

«Sería una muestra de enorme narcicismo constitucional decir que la propuesta de la Convención, en caso de ser aprobada, no va a estar necesitada de ajustes y cambios por largo tiempo. Lo va a estar porque el Derecho es dinámico», advierte el convencional Agustín Squella (Colectivo del Apruebo).

«Pretender inmovilizar el Derecho, además de un posible narcisismo, refleja una actitud muy conservadora», agrega el abogado y académico quien advierte que el borrador va a necesitar «varias decenas de leyes» para poder ser puesto en práctica. «Es seguro que precisará también más de algún ajuste futuro», indica.

Si el proyecto no se puede modificar fácilmente «va a ganar el Rechazo»

Atria, sin más, desechó la idea de «aprobar para reformar» con la que quienes apoyan el proyecto buscan atraer a los votantes que parecen no estar tan conformes con el texto que aprobó la mayoría de izquierda en la Convención.

Lo anterior no es poca cosa si se toma en cuenta que según la última encuesta CEP, hay un empate técnico entre el Apruebo y el Rechazo y un número cada vez más creciente de indecisos: 37%.

El convencional Fuad Chahin (DC) es enfático en los efectos que puede generar en el plebiscito la idea de sepultar la posibilidad de que el borrador, de aprobarse, pueda ser modificado.

«Si la ciudadanía se da cuenta de que el texto constitucional no va a poder ser fácilmente modificado en algunos aspectos esenciales, va a ganar el Rechazo», señala.

En sus declaraciones el fin de semana, Atria fue categórico en señalar que el borrador que la Convención entregará al Ejecutivo el próximo 4 de julio, y que aún debe contar con el visto bueno de los votantes, no necesita modificación alguna para su efectiva entrada en vigor.

«Si la pregunta es si la nueva Constitución, una vez que entre en vigencia, va a requerir de reformas para poder operar, para poder cumplir la finalidad de una Constitución, mi respuesta sería no», dijo a La Tercera.

El constituyente Felipe Harboe (Colectivo del Apruebo) también encuentra inconveniente el planteamiento de no poder reformar el proyecto, en el caso hipotético de que gane el Apruebo. «Las personas que hoy van a aprobar lo hacen conscientes de que el texto tiene algunas deficiencias que tienen que ser reformadas», advierte.

«Lo de Atria es doblemente peligroso»

Rodrigo Logan, convencional independiente que ganó sin formar parte de ningún pacto ni lista, también es crítico en cuanto a las declaraciones de Atria.

«Lo de Atria es doblemente peligroso porque él sabe que es un referente de opinión», sostiene.

Logan insiste en que el constitucionalista representa, para buena parte de la ciudadanía, una figura que desde hace no pocos años ha abogado por una nueva Constitución para el país: formó parte de la Comisión de Constitución del comando de Michelle Bachelet y publicó en 2013 «La Constitución tramposa».

«Me llama la atención que se hagan estas declaraciones a estas alturas, cuando todavía no se ha terminado el texto constitucional. Hacer propuestas de aprobar para reformar, o rechazar para reformar (la Constitución actual), aprobar todo o rechazar todos es como adelantarse al término de la película y más viniendo de parte de un convencional», asevera.

Fuera de micrófono un convencional indica que «nadie pone en duda el valor intelectual de Fernando Atria, y lo apreciamos, pero no se sabe manejar en política. Sus declaraciones son muchas veces inconvenientes», aseveró esa misma persona.

En la misma línea, el convencional Miguel Ángel Botto (Independiente) señala. «Se equivoca al plantear que este texto constitucional no requiere reformas. Sí las requiere porque la forma como se construyó fue de manera no abierta a todos los sectores, como uno espera que sean los textos constitucionales».

«Se fueron imponiendo una serie de normas, por los acuerdos que tuvieron transversalmente, en los que excluyeron a muchos sectores y eso le resta un mayor respaldo ciudadano al texto», agrega.

Para Botto es fundamental tener un set de proyectos de ley que vengan a reformar y a darle mayor sentido de equilibrio al texto constitucional. En su criterio, esa es la única forma en la que el borrador puede ser viable.

«Los políticos, especialmente del centro hacia la izquierda, deben tener la humildad suficiente para entender que sí se requieren reformas al texto e implementar leyes que permitan su aplicabilidad. Mi lema es sí apruebo, pero con reformas», asevera.

El convencional Andrés Cruz (Colectivo Socialista) también se pronuncia al respecto. «En este contexto creo que no es prudente manifestar que la carta que se está proponiendo a la ciudadanía no sea perfectible, inclusive antes de su implementación», explica.

El también exfiscal señala que siempre es posible, en este y en todos los casos, constatar ciertos defectos antes de la implementación, que por recursos o por deficiencias de diseño puedan ser mejorados al momento de ser implementados en el ámbito de la institucionalidad.

«Yo voy a aprobar sin condiciones, pero si hay que perfeccionar el texto están abiertas las posibilidades y la institucionalidad vigente a través de nuestros representantes», sostiene Cruz.

Harboe: «El apruebo para reformar no existe»

Más allá de la evaluación que los representantes de la centroizquierda en la Convención efectuaron de los dichos de Atria, y de los efectos que tales aseveraciones pueden causar de cara al plebiscito, Harboe y Chahin coinciden en advertir que las posibilidades reales de reformar el texto antes del 2026 son más que complejas.

«El apruebo para reformar no existe. No va a existir hasta el 2026. Hay un objetivo político detrás de eso, que se logró con la aprobación de las normas transitorias», explica Harboe.

En el pleno de ayer se aprobó con 106 a favor, 37 en contra y 6 abstenciones, la norma transitoria conforme a la cual las modificaciones de la Carta Magna, si es que llega a entrar en vigencia, requerirán de 4/7 más un plebiscito ratificatorio en los aspectos más fundamentales. Y si se logran los 2/3 no se necesita hacer referéndum.

Harboe ahondó en las consecuencias y hasta en las causas de esta aprobatoria: «Eso en la práctica da derecho a veto a la minoría, es lo mismo que se le critica al texto de 1980 y es parte del cómo llegamos a esta crisis».

En criterio del es senador, la norma transitoria recién aprobada es el resultado de «la obsesión de una parte de la Convención por declarar interdicto al actual Parlamento», que ejercerá sus funciones hasta marzo de 2026, año hasta el cual regiría la transitoriedad.

Y apunta: «La irresponsabilidad de los maximalistas de izquierda es ponerle un candado a la posibilidad de reformar entre la eventual aprobación y el 2026. Ellos tendrán que ser los responsable de explicarles a la gente que el apruebo para reformar no existe»

En cuanto a este tema, Chahin es categórico. «El texto tal como está hace que la frase aprobar para reformar, que varios planteamos -él fue de los primeros-, se transforme en una que no tiene mayor contexto real ni concreto. Se van a poder modificar las cosas más accesorias. En la práctica va a ser imposible hacer cambios a los aspectos más problemáticos», dice.

Para mejor entendimiento, el convencional agrega un ejemplo: «Un día te compras un auto con el motor malo, le vas a poder arreglar la pintura, pero no el motor».

¿Aprobar o rechazar para reformar qué?
Independientemente de lo complejo que pueda resultar la reforma de la nueva Constitución, de llegar a aprobarse, Logan advierte que es «poco responsable» llamar a aprobar para reformar o a rechazar para reformar (la Constitución actual), pero sin indicar qué ni cuándo.

«Ellos mismos reconocen que es un texto precario (los que apoyan el borrador), es muy divertido. Es como decir: está quedando mal, pero tiene un fin político», señala.

De acuerdo con Botto, que está con el Apruebo para reformar, es necesario precisar, para dar mayor certeza jurídica, los alcances de conceptos de plurinacionalidad, precio justo y enfoque de género. «Son aspectos que provocan mucho ruido», advierte.

Para Cruz es necesario mejorar lo referente a los estados de excepción para incorporar otras figuras, revisar lo relativo al proceso de implementación de los estados regionales, precisar el principio de subsidiaridad territorial, así como el de la aplicación del pluralismo jurídico.

En criterio de Harboe es errado aprobar o rechazar por pocos y determinados artículos que al elector le gusten o no: «Las Constituciones tienen que ser evaluadas en su conjunto. Para tomar una decisión completa uno debería preguntarse con respecto al texto: ¿aporta a la cohesión social como elemento a la estabilidad democrática?, ¿garantiza gobernabilidad?, ¿garantiza libertad y derechos ciudadanos?, ¿es reformable en aquello que no me gusta?».

Por Diana Lozano y Cristián Livingstone para El Líbero

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