La crisis del COVID-19 ha dejado una enormidad de estadísticas nefastas, pero quizás la más triste de todas es la del enorme número de niños huérfanos. Un estudio publicado en la revista científica Pediatrics estima que entre abril de 2020 y junio de 2021, el número de menores de edad que perdieron a una de las personas que los cuidaba (madre, padre, tutor o familiar a cargo) asciende a más de 140 mil en Estados Unidos. Si se extiende el período hasta hoy, el calculo es que son más de 170 mil los niños huérfanos.

“Esto significa que cada cuatro casos de muertes por COVID 19, hay un niño que se ha quedado sin su madre, su padre o un abuelo que lo cuidaba, sin el sostén de quien le proveía un hogar y el amor necesario”, indicaba ante la prensa Susan Hillis, experta en epidemiología de los CDC (Centros para el Control de Enfermedades, según sus siglas en inglés), y quien lideró el estudio.

Como era esperable, dado que el COVID-19 se ha cobrado más vidas entre las minorías (especialmente nativosafroamericanos latinos), son los niños de estas comunidades los que se han visto más afectados.

65% de los niños que están experimentando algún nivel de orfandad asociado al COVID 19, son menores que pertenecen a minorías. Eso genera una gran disparidad. Una vez que alguien experimenta algo de este estilo en la niñez, este es un problema que se acarrea de por vida. Por eso tenemos que procurar que estos menores tengan un entorno saludable y de amor para acompañarlos en su crecimiento”, agregaba Hillis.

El objetivo principal del programa es "transformar el panorama del cuidado y la protección de los niños migrantes en ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México" (Foto: EFE/Jesús Rosales)
El objetivo principal del programa es “transformar el panorama del cuidado y la protección de los niños migrantes en ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México” (Foto: EFE/Jesús Rosales)

Un niño de las comunidades nativas ha tenido 4,5 veces más oportunidades de perder a uno de sus padres durante la pandemia, comparado con niños blancos. Las chances fueron 2,4 veces mayores para los niños afroamericanos y 2 veces superiores para menores latinos.

Las situaciones adversas en la niñez están asociadas con un aumento en los riesgos en todas las principales causas de muerte en la adultez”, agregaba la científica.

Un estudio previo de la Universidad de Columbia indicaba ya que la pérdida de uno de los progenitores pone a los menores en riesgo de inseguridad económica, alimenticia o de vivienda. Si a eso se suma que los niños pertenecientes a las minorías suelen tener menos seguridades financieras, la combinación es preocupante.

“Los números son duros pero no cuentan la historia completa. Las verdaderas historias están en esas vidas de niños y adolescentes, cuyas vidas y las de sus familias, están siendo afectadas”, opinaba Warren Ng, psiquiatra de la Universidad de Columbia.

Las consecuencias psicológicas de la pandemia en los niños son innumerables. En el caso de aquellos que perdieron a un familiar cercano son aún peores porque en su mayoría no pudieron ni despedirse. Por los protocolos de COVID 19, quienes fallecieron en hospitales no pudieron recibir la visita de sus seres queridos en los últimos momentos.

“Una de las cosas únicas de la pandemia es que no solo nos ha quitado a nuestros seres queridos, sino que también nos ha quitado la posibilidad de reunirnos y sanar como familias, de pasar juntos los tragos más amargos de la vida”, comentaba Ng.

El estudio acerca de los niños huérfanos culmina con un llamado a la acción. “Estamos proponiendo que se considere seriamente añadir un cuarto pilar a nuestra respuesta ante el COVID-19, y ese cuarto pilar debería ser llamado cuidado de los niños”, indica el texto.