Cayetana Álvarez de Toledo (Madrid, 1974) no es una política que pase precisamente desapercibida en España: sus intervenciones como diputada suelen dar que hablar, lo mismo que su presencia en redes sociales, por lo que acumula tantos detractores como seguidores. Sobre esta legisladora del Partido Popular (centroderecha) se ha escrito que supuestamente es “trumpista”, radical y aznarista (afines a José María Aznar). “Si hoy no te llaman facha, no eres nadie”, suele decir. Lo que sí le molesta es que la traten de extranjera. Esto, porque posee nacionalidad argentina y francesa, pero también porque aquello expone la xenofobia contenida en los nacionalismos, uno de los fenómenos que ha criticado sin pelos en la legua.

A esta historiadora y periodista tampoco le ha temblado la mano para criticar ciertos aspectos del feminismo y en especial los movimientos identitarios, que según ella, pueden llegar a destruir a los países. Álvarez de Toledo suele ir a contracorriente y aquello molesta a muchos. De hecho, cuando dejó el periodismo para entrar en la arena política lo hizo como candidata a diputada por Barcelona, a pesar de ser una férrea opositora al independentismo catalán. Otro salto lo dio en 2021, con su libro Políticamente Indeseable sobre el que Mario Vargas Llosa reseñó: “No es lo que suelen escribir los políticos, hombres o mujeres prudentes que por lo general omiten lo esencial y suelen quedarse en la periferia de las confesiones. Cayetana va a lo fundamental desde el principio (…). Y nos recuerda que España es un país que debe cambiar, perfeccionarse a sí mismo”.

Este lunes Cayetana Álvarez de Toledo llegará a Santiago, invitada a participar en el ciclo de conferencias La Otra Mirada, espacio donde dará una charla el martes a las 9:00. Pero esta visita también la aprovechará para observar in situ el trabajo de la Convención Constitucional y reunirse con algunos convencionales. Sobre el proceso constituyente chileno, la legisladora española es tajante en esta entrevista con La Tercera vía Zoom: “Es una Convención disolvente en vez de constituyente”.

¿De dónde surge el concepto de “políticamente indeseable”?

El título de mi libro es polisémico, provocador, porque puede dar a entender que se refiere a mí, pero tiene una segunda lectura que es más profunda y que se refiere a lo que está pasando en la política hoy, a las prácticas indeseables de la política que he intentado combatir desde mi oficio. Y con la idea de que existe una política deseable que deberíamos comenzar a ejercer.

¿Cuáles serían esas políticas indeseables a nivel global?

Hay prácticas que están degenerando la política: la política identitaria, la xenofobia, el apaciguamiento, la disciplina mal entendida, la sumisión, el victimismo, el cinismo y la mentira. Esa es la síntesis. Yo decidí dedicarme a la política para defender el orden constitucional democrático español, nacido en 1978. Y para defenderlo de los movimientos separatistas y nacionalistas que se concentran en Cataluña y en el País Vasco.

¿Qué relación tiene los fenómenos que menciona con lo que usted ha llamado la “batalla cultural”?

Este es uno de los asuntos que afectan con más claridad a Chile y a otros países, que son las identidades. Creo que el gran mal del siglo XXI es esta exaltación identitaria y sentimental. Esto causó estragos en el siglo XX, porque es lo que está detrás de los movimientos nacionalistas que desembocaron en las dos guerras mundiales. Y ahora esto ha vuelto en el siglo XXI en forma de separatismos de distinto tipo, como los nacionalistas antiguos que buscan modificar las fronteras de un Estado-nación. Pero también hay políticas identidarias separatistas en el interior de los países democráticas y eso lo vemos en Chile con los indigenismos y feminismos radicales, lo vemos en España con los nacionalismos separatistas o feminismos radicales. Esas políticas identitarias son, en mi opinión, la gasolina del separatismo y el principal enemigo de la democracia liberal contemporánea, de la modernidad política. Estos movimientos buscan la sustitución del orden liberal moderno, que está basado en la idea de la ciudadanía de que todos somos libres e iguales ante la ley en una nación cívica al margen de nuestra condición sexual, origen, color de piel o lengua, y lo viene a sustituir por un desorden premoderno. Es decir, nos vamos al tiempo de la Ilustración.

Cayetana Alvarez de Toledo during the press conference after the decision of PP president Pablo Casado to dismiss her as the party’s parliamentary spokesperson before the Congress of Deputies. in Madrid August 17, 2020 Spain. (Photo by Oscar Gonzalez/NurPhoto) (Photo by Oscar Gonzalez / NurPhoto / NurPhoto via AFP)

¿Cómo así?

Estamos asistiendo a un tiempo de gran involución, de regresión democrática, yendo de naciones de ciudadanos libres e iguales, a países en estado de implosión identitaria, donde en lugar de tener ciudadanos libres e iguales, vamos creando colectivos ficticios en base a características identitarias, a los que adornamos con la condición de víctimas, frutos de agravios históricos y por tanto víctimas de otros verdugos o agresores de otros colectivos, es decir dividimos a la sociedad en colectivos enfrentados, segregamos legalmente incluso, y eso está pasando en Chile con la justicia plurinacional que es una locura, una aberración. Pero en España también pasa: acá hemos hecho la segregación legal de hombres y mujeres en la que tu, por ser hombre, eres presuntamente menos inocente que la mujer, solo por el hecho de ser hombre. Eso es un atentado contra la presunción de inocencia y contra la igualdad ante la ley. Los movimientos identitarios están poniendo en riesgo la gran conquista de la convivencia moderna.

¿Ve una relación entre estos movimientos identitarios y las distintas manifestaciones de populismo?

Sí, por supuesto, porque el populismo es la antipolítica. Cuando la política está mal ejercida surge el populismo. ¿Y qué hace el populismo? Funciona en base a las emociones, a los bajos sentimientos y a las bajas pasiones, como el miedo, el odio, la envidia, y al repliegue tribalista. El populismo prospera en ese caldo de cultivo emocional y por eso la identidad pasa a ser un instrumento especialmente útil para los populistas para llegar al poder, porque inflaman las emociones identitarias de género, de nación, de étnia, y buscan a un culpable en otro colectivo -a las mujeres les dicen que los hombres son agresores y a los pueblos indígenas les dicen que hay agresores aunque no existan- y buscan el conflicto identitario. Por eso el populismo prospera en el ‘divide y vencerás’. Por eso es tan peligrosa la política identitaria. Eso es la batalla cultural: desmontar esas ideas que son destructuvas.

“Hay políticas identidarias separatistas en el interior de los países democráticas y eso lo vemos en Chile con los indigenismos y feminismos radicales”.

Cayetana Alvarez de Toledo

¿Qué dirigentes, partidos o jefes de Estado usted calificaría de populistas?

Hay muchos. Y los tenemos de izquierda y de derecha, en América Latina sobre todo. El máximo populista es Nicolás Maduro, que ha sembrado de refugiados el continente. Pero no solo en los países con instituciones más frágiles surgen este tipo de líderes: en Estados Unidos estuvo Donald Trump y lo que pasó con el asalto al Capitolio es la escena más impresionante de lo peligroso que es el populismo y la exaltación sentimental. Ahí hubo hordas tribales asaltando el centro de la democracia de ese país. En Europa también los hay: en Hungría y también en España, donde un movimiento llevó a la comunidad más rica del país en un proceso de división y decadencia.

Cuando surge Podemos en España, los dirigentes de ese partido lo hacen con un discurso anti establishment y de la anti política, aunque luego se transforman. ¿Cómo evalúa el tránsito de Unidas Podemos y esa generación más joven que accede a puestos de poder?

Nunca he creído que la edad sea una virtud en sí misma. Creo en la inteligencia, el coraje, la valentía y la decencia: los atributos de un político no están vinculados con la edad. No creo que, por ejemplo, el hecho de ser joven te convierte en un buen político por definición. Eso se ha demostrado en España. De hecho, varios de esa generación han fracasado: no solamente Pablo Iglesias de Podemos, sino también Albert Rivera, el líder de Ciudadanos. Ahora bien, lo adulto no está vinculado con la edad. Lo que pasó con Podemos es que este movimiento antisistema logró entrar en el sistema de la mano del PSOE y claro, una cosa son las grandes soflamas revolucionarias y otra cosa es el ejercicio del poder, la realidad política. Los problemas para Podemos comenzaron con su aterrizaje en la realidad. Tu desde la tribuna del revolucionario puedes prometer el paraíso en la Tierra, pero cuando llegas al gobierno te das cuenta que el principio de la realidad se impone, y la realidad exige transar y ser adulto. Entonces hay una ruptura entre la promesa y la realidad, por lo que hay una frustración de las expectativas creadas

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