En diciembre de 2018, la misión Osiris-Rex, de la NASA, llegó hasta el asteroide Bennu, una roca espacial de unos 500 metros de diámetro. Y apenas una semana después descubrió en ella algo muy extraño: la roca estaba expulsando partículas al espacio. La cámara de navegación de la sonda ya había detectado las partículas previamente, pero al principio los científicos de la misión pensaron que se trataba del fondo de estrellas. Un análisis más detallado reveló que en realidad se trataba de pequeños fragmentos de la propia roca.

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El gráfico muestra la eyección de partículas detectada por Osiris-Rex el pasado 19 de enero

Los asteroides que pierden masa se denominan «activos» o «cometas del cinturón principal», porque en ocasiones dejan rastros temporales de polvo y escombros que recuerdan a la cola de los cometas. Cuando los astrónomos detectaron por primer vez esta clase de asteroides, creyeron que el rastro estaba formado de hielo en polvo, como sucede con los auténticos cometas. Pero hoy se sabe que hay otros mecanismos que son capaces de hacer que un asteroide sea activo.

Lo cierto es que hasta ahora no se han encontrado muchos de estos asteroides, y la mayoría de los que se han visto pierden una cantidad tal de material que resultan perfectamente identificables desde los telescopios en tierra. En general, los asteroides suelen ser estables y, de hecho, Bennu se había considerado como tal. Hasta ahora.

¿Por qué Bennu está activo?

Tras su extraño descubrimiento, los científicos de la Osiris-Rex quisieron saber más, y modificaron los objetivos de la misión pra estudiar de cerca uno de estos raros ejemplares. «Entre las muchas sorpresas de Bennu -explica Dante Lauretta, investigador principal de Osiris Rex- las eyecciones de partículas despertaron nuestra curiosidad, y hemos psado los últimos meses investigando el misterio. Esta es una gran oportunidad para ampliar nuestros conocimientos sobre el comportamiento de los asteroides».

Hay varias causas que pueden explicar la actividad de asteroides como Bennu. Sublimación de hielo, impactos, inestabilidad rotacional, fracturas térmicas y repulsión electrostática son solo algunas de ellas. Lauretta y sus colegas acaban de presentar sus conclusiones en un artículo publicado en Science.

El propio título del artículo, «Episodios de eyección de partículas desde la superficie del asteroide activo Bennu» , deja claro que la emisión no es continua, sino episódica. En su trabajo, los investigadores se han centrado en los tres mayores eventos de eyección detectados: el 6 y el 19 de enero y el 11 de febrero de este año. El mayor de los tres fue el primero, en el que fueron detectadas hasta 200 partículas saliendo de Bennu. Los fragmentos viajaban a cerca de tres metros por segundo y su tamaño variaba desde los dos hasta los diez cm.

Llama la atención que los tres episodios estudiados tuvieron lugar en diferentes localizaciones del asteroide, uno en su hemisferio sur y dos en el ecuador. Pero los tres ocurrieron alrededor del mediodía.

Los científicos comprobaron que tras su salida del asteroide, a las partículas podían sucederles dos cosas: o bien orbitaban alrededor de Bennu durante unos días para volver a caer después sobre su superficie; o bien se dirigían directamente al espacio. Tras descartar varias de las posibles causas, los científicos las redujeron a tres: impactos de meteoritos, fractura por estrés térmico y liberación de agua.

El asteroide Bennu, fotografiado a solo 5 km de distancia
El asteroide Bennu, fotografiado a solo 5 km de distancia

Posibles impactos

El vecindario de Bennu es un lugar muy transitado, con numerosas rocas espaciales de pequeñas dimensiones zumbando continuamente a su alrededor. Por eso, una posibilidad era que algunas de ellas golpearan Bennu sin ser vistas por Osiris-Rex y levantaran pequeños frgmentos con sus impactos.

¿Una fractura térmica?

En cuanto a la fractura por estrés térmico, resulta que el periodo de rotación de Bennu e de 4,3 horas, y durante ese tiempo la temperatura de su superficie varía mucho. Recordemos que los tres eventos detectados tuvieron lugar cerca del mediodía, justo cuando la temperturas pasan de las mínimas nocturnas a las máximas diurnas. Durnte esos cambios, se pueden producir grietas en la roca y expulsión de pequeños fragmentos.

Posible liberación de agua

Por ultimo está la posibilidad de liberación de agua. Y se da el caso de que Bennu contiene una importante cantidad de arcillas ricas en agua. El calentamiento diurno puede hacer que ese agua se expanda, creando presión a medida que intenta escapar de la roca. Una presión que puede acumulares en grietas y huecos y hacer que muchas partículas queden sueltas.

Por supuesto, la verdad podría no ser ninguna de estas tres posibilidades, y esconderse tras otros múltiples procesos que tienen lugar sobre la superficie del asteroide. O incluso ser una mezcla de varias de esas posibles causas. «Por ejemplo -explica Steve Chesley, uno de los firmantes del artículo- la fractura térmica podría estar cortando el material de la superficie en pedazos pequeños, haciendo que sea mucho más fácil para los impactos de meteoritos lanzar piedras al espacio».

Durante el próximo verano, Osiris-Rex recogerá muestras de la superficie de Bennu y las traerá a la Tierra, en 2023. Y es posible que entre ellas haya varias que hayan sido expulsadas y que hayan vuelto después a caer sobre el asteroide. No será facil determinar qué parte de la muestra, si es que hay alguna, corresponde a material expulsado, pero los investigadores creen que no es una labor imposible.

Mientras llega ese momento, Osiris-Rex seguirá estudiando Bennu de cerca. Y buscando en él nuevas e intrigantes sorpresas.

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