Latinoamérica fue la región mundial cuya economía más se contrajo en 2020 (-7%) y cuyo Producto Interior Bruto menos crecerá en 2022 (3%). Así lo establece el informe reciente del Fondo Monetario Internacional (FMI), que considera que si bien la recuperación de la actividad, tras los confinamientos del año pasado, ha sido importante en 2021 (se prevé llegar a diciembre con un crecimiento anual del 6,3%), diversos factores van a ralentizar el resurgimiento a lo largo del próximo. Entre estos, la lenta vacunación.

A mediados de octubre, solo el 39% de la población latinoamericana estaba plenamente vacunada, según la Organización Panamericana de la Salud. Se trata de un proceso que varía mucho según los países, desde más del 70% en el caso de Chile y Uruguay a menos del 25% en Guatemala, Hondura y Venezuela, entre otros. No obstante, la vacunación registra en estos momentos un buen ritmo y el FMI avanza que a final de 2021 el 60% de la población podrá haber recibido las dosis completas correspondientes.

En cualquier caso, Latinoamérica va a tardar en dejar atrás este periodo especialmente negativo, en el que, suponiendo el 8,4% de la población mundial, hasta mediados de octubre había registrado el 19% de los casos confirmados de covid-19 en el mundo y nada menos que casi el 35% de las muertes (1,5 millones de personas). En su informe de octubre el FMI revisó a la baja la previsión de crecimiento económico de la región paara 2021 que había hecho en enero, y estima que los latinoamericanos aún no habrán alcanzado en 2025 la situación previa a la pandemia, ni en términos del PIB, ni de empleo (la recuperación se está realizando más en el sector informal), ni tampoco en condiciones sociales (en 2020 cayeron o recayeron en la pobreza 22 millones de personas, de acuerdo con estimaciones de la CEPAL).

Inflación y protestas

Latinoamérica se mantiene con la inflación más alta, que este año será de 9,7% del PIB y el próximo del 6,9%. Aunque constituye una «preocupación», el director en funciones del FMI para la región, Nigel Chalk, ha descartado que las cifras empeoren hasta niveles conocidos en otras graves crisis latinoamericanas. Al margen del caso de Venezuela y del de Argentina, con inflación crónica, «nos encontramos en un contexto institucional muy diferente al de previos ciclos inflacionarios», como los vividos en la década de 1980 y a finales de la de 1990. Chalk destacó que hoy existe una mayor autonomía y credibilidad de los bancos centrales, que están incrementando los tipos de interés para atemperar la presión inflacionaria, y una acción más decidida de los gobiernos para hacer frente a esa evolución.

Con todo, la inflación va a suponer tanto un menor flujo de capitales extranjeros, pues en Estados Unidos y Europa también subirán los tipos de interés, como un mayor encarecimiento de los préstamos en los propios países, lo que constituye una dinámica que perjudicará el crecimiento en Latinoamérica. Al mismo tiempo, el alza de los precios, unido al aumento de la pobreza y la mayor precariedad de las clases medias, puede provocar un incremento de la tensión social, con repetición de episodios de protestas como los vistos desde 2019 en algunos países.

No obstante, dos de los países sometidos a ciertas tensiones políticas –como son Chile y Perú– serán los que cierren 2021 con un mayor crecimiento. Perú, que en 2020 lideró el retroceso del PIB (-11%), crecerá este año un 10%, mientras que Chile, que se contrajo en 2020 un -5,8%, liderará en 2021 el crecimiento en Sudamérica, con una expansión del PIB en un 11%. Ambas naciones han afrontado la necesidad de disponibilidad de dinero por parte de la población permitiendo la retirada de fondos de los planes de pensiones, algo que el FMI justificó pero que ha pedido terminar para evitar perjudicar las perspectivas de jubilación de los ciudadanos.

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