La curva de los reportes diarios del Coordinador Eléctrico sufrió una leve alza. Fue el impacto de las lluvias, un frente de mal tiempo que algunos beneficios trajo. La denominada energía embalsada en el país anotó un aumento en los días posteriores a las precipitaciones de la semana pasada en la zona central del país y aquello quedó registrado en los informes del ente que coordina el Sistema Eléctrico Nacional.

Por primera vez desde abril, según el reporte del Coordinador Eléctrico correspondiente a la operación del domingo 22 de agosto, los niveles de agua embalsada superaron los 1.500 GWh de generación hidroeléctrica. Es el nivel más alto, según el gráfico, desde fines de abril. La cifra, sin embargo, sigue siendo mucho más baja que el año pasado.

“Las últimas lluvias han implicado un leve incremento de la energía embalsada, lo que, si bien es una mejoría desde el punto de vista de las reservas operacionales, no ha implicado un cambio de tendencia en la actual condición hidrológica de características secas. La actual energía embalsada se encuentra por debajo de los niveles que tenía el sistema, a la misma fecha del año 2020”, dijeron desde el Coordinador Eléctrico.

Toda esa energía embalsada, sin embargo, no es de libre disposición por parte del organismo encargado de gestionar la seguridad del sistema: de esa cifra, cerca de 1.000 GWh corresponden a reservas de riego, recursos cuyo uso es definido por los regantes de las cuencas involucradas. Esto ocurre en las dos cuencas más relevantes desde el punto de vista de la hidroelectricidad: el Maule y El Laja, cuyos embalses son de uso mixto.

El Coordinador explica que los embalses más relevantes para la operación del sistema eléctrico nacional son el Lago Chapo (Canutillar), Rapel (Rapel), Laguna La Invernada (Cipreses), Melado (Pehuenche), Colbún (Colbún), Laguna Laja (El Toro), Ralco (Ralco) y Pangue (Pangue), los que se encuentran entre las regiones de O’Higgins y del Biobío. “Cada uno de estos embalses tienen diferentes roles, dependiendo de su capacidad de regulación y localización geográfica. Cabe destacar que las cuencas del Laja y El Maule también destinan parte de su agua para riego, lo cual condiciona el uso de volúmenes de agua embalsada para generación”, dic el ente.

La misma cautela tienen todos en el sistema. “Las lluvias nos sacaron de un año extra seco, pero la situación sigue siendo de cuidado”, dicen en una empresa del sector.

El consultor Ramón Galaz, gerente general de Valgesta, es levemente más optimista. “Uno podría decir que de aquí a las próximas cuatro semanas el sistema no se ve en una condición compleja como la que teníamos hace dos semanas atrás, porque esta recuperación de los embalses da un espacio de tranquilidad”, opina. Pero agrega: “Independiente de todo esto, seguimos gestionando una crisis y esto nos obliga a estar super atentos”.

En la cuenca del Maule, durante agosto han caído cerca de 400 milímetros de agua, lo que representa la mitad de todo lo acumulado en 2021. Sin embargo, la cifra es aún la mitad de un año normal, que bordea los 1.700 milímetros. Con las últimas lluvias, el embalse Colbún subió unos 8 metros, mientras Ralco lo hizo en torno a 5 metros, algo significativo para un período tan corto de tiempo, dice un actor del sistema. “Fue poco, pero significativo porque se recuperaron los embalses al nivel que teníamos en mayo”, dice Galaz, quien también apunta que la disponibilidad de agua embalsada es mucho menor que en 2020.

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