#Yomevacuno, lejos el mejor hashtag del verano por ser la primera señal de que la población podrá reincorporarse al mundo. Además, nuestra piel ya no aguanta más alcohol gel (aunque venga con glicerina incorporada) y para la mayoría de los chilenos las reverencias tipo oriental o los bien intencionados codazos no les son suficientes para estrechar lazos y retomar las confianzas. Por lo tanto, no es una “perogrullada” recordar que cualquier campaña de vacunación masiva no es fácil; pero sobre todo la actual, que ni siquiera se circunscribe a nuestras fronteras o sólo a Latinoamérica, sino al mundo entero. Por lo tanto, el “tema vacunas” fue temazo desde que el coronavirus irrumpió en Wuhan haciendo que las negociaciones y la diplomacia adquirieran vuelo para tratar de prevenir ¡frente a lo desconocido!, ya que una pandemia no pide permiso, sólo aparece traspasándole a la comunidad científica la presión de elaborar una respuesta histórica al fatídico “¿Y ahora, qué hacemos?”

Frente a las crisis el ser humano puede responder de diferentes maneras: paralizándose, esperando (a ver lo que otros hacen) o actuando. Chile decidió actuar (y rápido) ante el Covid. Fue así como primero llegaron los ventiladores y, a la par, comenzaron las conversaciones (sin titubeos) con distintos laboratorios para diversificar el riesgo de llegar últimos en una carrera adonde competiríamos con las naciones más poderosas del mundo. Muchos se preguntan si estaríamos igual de bien parados si no hubiese estado el Presidente Piñera a la cabeza del país. Aunque no tengo la respuesta (pero sí mantengo una sospecha) la responsabilidad de organizar de manera exitosa el Plan Nacional de vacunación Covid-19  recayó sobre sus hombros y no debemos olvidar que las decisiones finales (sobre todo las más complejas) siempre las toma el primero en la fila.

Es por eso que #Yomevacuno llegó en un buen momento no sólo porque estamos en verano (que suele descomprimir el ambiente), sino porque nos merecíamos un descanso de las amarguras de la contingencia. Por lo tanto, a pesar de las teorías conspirativas en las redes sociales o las críticas opositoras “mala leche” hacia el gobierno, más de un millón 400 mil chilenos ya han acudido, agradecidos y confiados, a las sedes comunales designadas para recibir de manera gratuita la vacuna que los inmunice de una vez para retomar el control sobre sus vidas. Es por eso que las autoridades locales, ya sea en Putre, Cabo de Hornos, Peñalolén o Rapa Nui, deben recordar que no es el gobierno, sino sus comunidades, las que se ven beneficiadas con el espíritu de colaboración y compromiso que hoy reflejan en las visitas públicas que realizan a los estadios o centros educativos y deportivos de sus comunas.

El Plan Nacional de Vacunación ha sido exitoso para erradicar el corrosivo mal ánimo que nos ha tenido complicados desde hace un buen tiempo; no obstante, así como la magia de la buena gestión cura males importantes, no alcanza para ordenar la casa y reforzar a largo plazo la salud del país.

Acorde al calendario de inmunización del gobierno, a fines del primer semestre más del 80% de la población debiese estar preparada para enfrentar los futuros brotes y mutaciones que vendrán de coronavirus. Esperemos que así sea para que la atención del gobierno en su último año de administración no sólo ayude al país a sanarse del Covid-19, sino también a mejorarse de otras lesiones igual de importantes, pero para las cuales pareciera ser que aún no existe suficiente planificación.

@LaPaulaSchmidt para El Líbero

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