Ahora, hasta consumir una galleta puede convertirse en un acto de verdadera inclusión social gracias a multinacionales como Nestlé que, al igual que muchas otras compañías, busca reflejar lo políticamente correcto (del momento). Por lo tanto, después de 60 años de brindarnos deleite, el reinado de nuestra querida “Negrita” ha llegado a su fin, ya que los suizos, dueños de la empresa, dictaminaron que de ahora en adelante los chilenos tendremos el plus de saborear la misma receta de siempre, pero ahora bajo el nombre de “Chokita” para así no incomodar a nadie y, más encima, demostrar lo inclusivos que somos.

Tras conocerse la noticia, la lluvia de memes en las RRSS no se hizo esperar. Vi de todo: nostálgicos, subidos de tono y sumamente ingeniosos, demostrando que la reacción en cadena no sólo apuntaba al nuevo apelativo, sino también se originaba desde la conciencia que existe sobre medidas como esta, que unen tendencias de consumo con diversas banderas de lucha ideológica, política o social. Aunque en eso no hay esencialmente nada malo, y ojalá que a punta de galletas sabrosas el mundo llegase a comprender la importancia de la no discriminación, sí lo hay en el doble discurso de quienes se han ido apoderando del espacio público, autoproclamándose progresistas máximos y paladines de la justicia social, pero que, a la hora de los quiubos, demuestran ser los más virulentos de todos, utilizando estrategias para cancelar a quienes poseen posturas diferentes. ¿Le suena una campana?

Del mensaje implícito de Nestlé sobre lo que es políticamente aceptable en términos de consumo, me voy al sabor amargo de lo que ha sido, hasta el momento, el desempeño de la Convención Constitucional. Dicen que lo que comienza mal termina mal, pero la excepción hace la regla, por lo que aún mantengo la esperanza de que falta menos para que varios de sus miembros aterricen y comiencen a trabajar. No obstante, ha sido lamentable cómo aún no se deja entrever un verdadero espíritu colaborativo. Especialmente, por parte de la mesa directiva más enfrascada en presionar políticamente (a estas alturas da lo mismo a quién) con el afán de poner sobre la mesa temas que nada tienen de republicanos, que han dilatado la coordinación y más bien que conciernen solamente a los intereses ideológicos de unos pocos.

O sea, adentro del ex Congreso, en vez de estar creándose un microclima favorable por quienes la dirigen, muy por el contrario, se está convirtiendo en un escenario más proclive a dar espacio al activismo político y a una cultura de la cancelación. Por lo tanto, nada de inclusivo, respetuoso ni democrático y, mucho menos, políticamente correcto para la tarea encomendada.

Ojalá que, así como hubo todo tipo de memes reflejando malestar debido al cambio de nombre de la ahora exNegrita (por supuestamente no ir con los tiempos), también se genere presión ciudadana para que, de una vez, arranque la Convención, ya que instrumentalizarla con fines ideológicos sería violar la confianza de los chilenos, quienes no se merecen el gusto desagradable de confirmar que el proyecto de la “casa común” en realidad nunca le perteneció a todos.

Paula Schmidt, Periodista y Licenciada en Historia @LaPaulaSchmidt para El Líbero

/gap