En diciembre de 2019, en la ciudad china de Wuhan, un paciente fue hospitalizado con una sintomatología que no cuadraba en ninguna enfermedad conocida. Ese fue el primer de caso de Covid-19, un virus que sumergió a todo el mundo en una pandemia.

A la fecha, a nivel mundial, 254.562.905 personas se han contagiado y 5.118.632 han muerto por el virus, según datos de la Universidad John Hopkins. Además, desde su aparición, el virus ha tenido varias mutaciones, es decir, cambios en su un información genética, lo que generó variantes con nuevas características, comportamientos y alcances.

Desde la detección de nuevos linajes, los más masificados en el país fueron Alfa, Beta y Gamma, detectados originalmente en Reino Unido, Sudáfrica y Brasil. Eso hasta la llegada de Delta, que se identificó por primera vez en India en octubre del año pasado.

Así, transcurrieron ocho meses hasta que fue detectada en Chile por primera vez. Fue el pasado 23 de junio, en una mujer chilena residente en Estados Unidos que viajó a la Región del Maule. El hallazgo generó alarma: ya había claros indicios de la mayor velocidad que alcanzaba este linaje en su propagación y su facilidad para generar rebrotes en los territorios que colonizaba.

Y en veinte semanas, Delta ha hecho lo propio en el país. La variante tiene casi total dominio en la circulación de coronavirus y fue detectada en el 97,4% de las muestras que procesó el Instituto de Salud Pública hasta los últimos días de octubre.

No ha ocurrido así con ninguna otra variante. Desde que se inició la vigilancia genómica, los análisis del ISP habían mostrado como nuevos linajes ingresaban y pasaban a capturar una parte de la circulación, compartindo, finalmente, con otras varias cepas su presencia en la circulación comunitaria. Por eso Delta, dada su alta contagiosidad, es un caso particular.

Gabriel Cavada, epidemiólogo y académico de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile explica la razón tras este fenómeno: “Uno podría suponer que esto partió dos semanas antes (del primer caso detectado) y ahí tapizó el contagio. La cepa del Reino Unido, Alfa, y que inauguró la pandemia en Chile, tenía un R0 (contagiosidad) de cuatro, es decir, que un caso era capaz de contagiar a cuatro. Delta tiene un R0 de nueve, o sea un contagiado es capaz de infectar a otras nueve personas”.

Los efectos de la variante se vieron rápidamente y los aumentos de casos relacionados a Delta afectaron a varias ciudades. Por ejemplo, a finales de septiembre el brote de la Región de Arica se originó por esta cepa. Lo mismo en Aysén, que está cursando una fuerte alza de casos.

Además, es la causante del brote actual en todo el país. El infectólogo de la Clínica Universidad de los Andes y decano de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Universidad San Sebastián, Carlos Pérez explica que “era algo predecible, debido a alta transmisibilidad que tiene. En Chile está ocurriendo lo mismo que ya pasó en los países de Europa, entonces no es de extrañar y esto explica el rebrote que estamos teniendo”.

Claudio Castillo, académico en Salud Pública de la Universidad de Santiago de Chile, destaca que: “tiene un comportamiento con la mayor contagiosidad demostrada, pero no necesariamente hay una mayor agresividad en términos de la probabilidad de las personas en agravarse, esto también porque la mayor parte de la población está vacunada; sin embargo que sea más contagiosa, implica que las medidas como el uso correcto de la mascarillas sean mucho más relevantes.

La vacunación es clave

La campaña de vacunación arrojó cifras positivas. Chile se convirtió en el primer país de la OCDE en superar las 200 dosis administradas por cada cien habitantes, lo que fue destacado por la propia organización.

Según las cifras del Departamento de Estadísticas e Información en Salud (DEIS), ya hay 13.185.598 inoculadas con ambas dosis y un avance -una dosis- del 93% a nivel nacional. Además, Aysén ya alcanzó el 100% de cobertura con esquema compleo, mientras que Ñuble y O’higgins se están acercando, con el 98,6% y 97%, respectivamente.

El plan de inmunización ha permitido una mejor protección frente a Delta, coinciden los expertos. Catterina Ferreccio, epidemióloga de la facultad de Medicina de la Universidad Católica, señala que con gran parte de la población inmunizada, esta variante nos encontró en un buen momento: “Al estar vacunados no tuvo el impacto que se vio en Israel, Reino Unido y Estados Unidos, ha sido mucho más suave porque la protección ha hecho que la gente se infecte menos, por eso no hemos vistos las alzas que se vieron en las primeras olas”.

“Afortunadamente las vacunas, y particularmente la dosis de refuerzo, ayudan a proteger contra la Delta, no de la misma manera que lo hace con otros linajes, pero sí protegen tanto de la infección como de las complicaciones y de la muerte”, agrega, a su vez, Pérez.

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