El problema es que para América Latina las consecuencias no serán pocas.

Y en nuestro país tampoco, porque como apunta Pablo Ortúzar el domingo pasado tenemos un problema doble.

“Ahora que la invasión de Putin a Ucrania hizo saltar el precio del trigo, era improbable que los personajes tipo reality show con los que hemos llenado la Cámara de Diputados no hicieran fila para fija el precio del pan”, apunta, pese a que “tratar de atajar la inflación fijando precios es como tratar de apagar el fuego con bencina”.

Ya lo decía el diario argentino La Nación sobre los dichos de Alberto Fernandez y “los diablos que aumentan los precios”: “lo que no sabe el presidente es que los diablos están al interior de su gobierno”.

Y si a eso se suma que en el caso de Chile, el granero no está en Ucrania sino en la Araucanía, el problema se complica aún más.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera por Juan Paulo Iglesias

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