Y como en mucho del debate por estos días, hay más mito que realidad. Algo de las mentiras a las que hace referencia Pablo Ortúzar. Porque según él, “es mentira que el Senado sea una obstrucción de la voluntad popular”.

Su objetivo es “darles una vuelta” a decisiones” tomadas muchas veces por pasiones momentáneas”.

Por eso, eliminar el Senado es introducir más irracionalidad en nuestra democracia.

Y si bien para Daniel Matamala, “eliminar el Senado no es el fin de la República”, tampoco “hará nada para mejorar nuestra democracia ni la legitimidad del poder”. Es solo un chivo expiatorio, un falso culpable, “un Judas acusado de ser el causante de todos los males”.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera por Juan Paulo Iglesias

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