Y si bien dicen que a golpes se aprende, en este caso, los golpes tienen consecuencias algo mayores.

Para Sylvia Eyzaguirre, sin embargo, la edad no es el problema de la ministra, ni tampoco su falta de experiencia. “El origen es (…) su frivolidad, que consiste en creer que basta el encanto natural o las cualidades innatas de líder para ejercer el cargo más complejo del gabinete”.

Y el asunto, agrega, “es que en un escenario económico y político complejo, no hay mucho espacio para resistir tantos errores”. Y más allá que un cambio de gabinete más temprano que tarde es inevitable”, lo más decisivo, asegura, es que al final “la agilidad en la toma de decisiones” del gobierno “depende en gran parte si prima el pragmatismo o el sentimentalismo”. Habrá que ver

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

/gap