“En busca del arca perdida” es una famosa y muy entretenida película de Steven Spielberg, donde Harrison Ford se convierte en el doctor Henry Walton Jones Jr. Más conocido como Indiana Jones, este busca encontrar, antes que las fuerzas del mal representadas por el ejército de Hitler, el Arca de la Alianza, en la que se hallan guardados los diez mandamientos, cuyos poderes sobrenaturales, de acuerdo con la leyenda, pueden eliminar a ejércitos en su totalidad.

La responsabilidad fiscal, por cierto, está lejos de ser el Arca de la Alianza, pero para quienes conocen la historia de Chile, tuvo el poder sobrenatural de permitir a nuestro país generar ahorros por sobre sus ingresos; bajar el déficit fiscal obteniendo superávit fiscales por varios años; convertirnos en un acreedor neto en el mundo (es decir, un país al cual el resto del mundo le debía, mientras nosotros no le debíamos nada a nadie) y ascendernos a una clasificación de riesgo del mismo nivel que países desarrollados.

La parte triste de la historia es que las malas prácticas, unidas a políticas populistas, se apoderaron de la responsabilidad fiscal y la convirtieron en irresponsabilidad fiscal. Perdimos cualquier atisbo de responsabilidad fiscal en 2009 porque, pese a la necesidad de incrementar el gasto, el incremento que este alcanzó fue excesivo, debiéndose compensar durante los años siguientes. Pero en 2013 el mal se tomó a película, y los déficits fiscales efectivos se incrementaron por sobre 2% del PIB, alejándose sostenidamente de la meta de superávit estructural de 1% del PIB.

El 2020 llegó la pandemia, lo que generó la necesidad de incrementar los subsidios para compensar los ingresos de quienes -por efecto de las cuarentenas- perdieron o no pudieron generar ingresos. Pero no nos equivoquemos, no fue la pandemia, sino las elecciones las que han generado el déficit con que terminaremos este año, que alcanzará entre 8 y 9% del PIB, impactado por incrementos del gasto fiscal de más de 30% en el año. La mayor parte de los diputados en reelección han optado por ofrecer y votar todo tipo de proyectos de ley que buscan pagarle a los electores por su voto, olvidando que ese pago no lo están haciendo ellos, sino nosotros, porque el déficit fiscal genera menores ahorros y/o mayor endeudamiento, el que deberá pagar tarde o temprano, y con intereses, con los impuestos que pagamos los trabajadores.

¿Cuándo se ha visto que durante una crisis económica baje la tasa de endeudamiento de los privados? Pues en Chile, los parlamentarios -en promedio- salieron a comprar votos vendiendo la responsabilidad fiscal y con ellos vendiendo a nuestro país y sus posibilidades de desarrollo futuro, a través de la entrega universal de bonos en dinero en efectivo, con la excusa de la pandemia, bonos que siguen comprando votos, cuando el empleo ya superó los niveles previos a la pandemia.

Pero esta historia aún no ha acabado. En plena negociación del presupuesto fiscal 2022, y bajo una proyección de caída de 7% real (más de 10% nominal) en los ingresos fiscales, la oposición ha decidido trancar la aprobación del presupuesto 2022 por considerar que un incremento de 3,7% real (aproximadamente 7% nominal) con respecto al año 2021 excluyendo las medidas excepcionales COVID, es decir, de un presupuesto que aumenta los gastos aún cuando los ingresos caen con fuerza, es insuficiente.

La oposición, que probablemente apuesta a que será próximo gobierno, considera que US$720 millones de gasto reservado es insuficiente, mientras que cree que la divergencia de casi 20% entre el crecimiento de los gastos y la caída de los ingresos debería ser aún mayor. Pero peticiones como estas, símbolo de la irresponsabilidad fiscal que se ha apoderado del Congreso, sólo seguirán agrandando nuestra deuda neta, alejándonos de una clasificación de riesgo que nos permita endeudarnos a una tasa de interés baja y de la posibilidad de bajar la deuda futura que heredaremos a nuestros hijos.

Mientras nuestros parlamentarios sigan midiendo sus propuestas de política en función de la cantidad de votos que les generarán en la próxima elección y de los ingresos que podrán obtener cuando sean gobierno, en vez de valorar las políticas públicas en función del bienestar futuro de los chilenos, el Arca seguirá perdida, y nuestro país seguirá acelerando su caída al despeñadero.

/Escrito para El Líbero por Michèlle Labbé, Economista/gap