Poco conocida en el imaginario nacional, la ciudad de Wuhan ha cobrado relevancia a nivel mundial al figurar en el centro de la emergencia por coronavirus que enfrenta China. Se trata de una urbe clave para la industria automotriz. Las locales Dongfeng Motors y Chang’an Motorbikes y las foráneas Ford, Groupe PSA, Nissan, Renault, Honda y GM-SAIC, entre otras, son parte de las empresas que tiene sus fábricas en la ciudad donde han muerto más de 600 personas y se cuentan más de 20.000 contagiados.

Aunque en el resto de las metrópolis de la potencia asiática la emergencia no ha tenido el mismo impacto en la salud de sus habitantes, varias tienen ningún o solo un fallecido, las medidas que se han tomado para evitar nuevos contagios las han dejado igualmente paralizadas. Desde el 20 de enero, ciudades como Shanghái, Beijing, Cantón y Tiajin han visto una reducción considerable de su actividad, lo que conllevaría importantes consecuencias económicas, tanto en el país como en el resto del mundo.

Dimensiones de un gigante

Actualmente, el PIB de China alcanza los US$14,1 billones (millón de millones) – el de Chile es de US$0,3 billones-, con lo que representa el 16,3% de la economía mundial, casi el doble del porcentaje que ostentaba una década atrás. En tanto, sin contar el empuje que genera en otros países, desde 2009 hasta 2019 su sola expansión, que promedió un 7,7% anual, ha sido responsable del 35% del crecimiento global.

De esta manera, en 2013 China superó a Estados Unidos como el país más relevante en el comercio mundial, contando actualmente en sus costas con seis de los 10 puertos con mayor movimiento en el mundo, de acuerdo a World Shipping Council. Hitos de esta naturaleza se cuentan por montón.

China consiguió el liderazgo de los mercado de automóvil en 2009, de bienes raíces en 2010 y del lujo en 2012. Asimismo, de acuerdo a la consultora eMarketer, el año pasado se habría convertido en el mayor mercado del retail, mientras que según Spaceshop Commerce, ya está en la cima del podio del comercio electrónico. En commodities la historia no es diferente y China figura como el más grande importador de petróleo, cobre, acero, aluminio, soja y granos, entre otros.

El contagio a la economía

Ante lo decisivo de su rol como motor de crecimiento global, no son pocos los que han encendido las alarmas a raíz de las consecuencias económicas de la emergencia por el coronavirus y tienen razones para hacerlo. Desde el lunes 20 de enero, las llamadas a barcos a través de los principales puertos chinos han caído un 20%, según consignó The Wall Street Journal, citando al proveedor de datos marítimos Alphaliner, que a raíz de la crisis proyecta una reducción de 0,7% de los volúmenes globales de contenedores oceánicos.

Las estimaciones en otras áreas no son más auspiciosas. “El comercio mayorista y minorista puede desacelerarse a un 3,6% en el primer trimestre de 2020, desde el 5,4% en el cuarto trimestre de 2019, mientras que el retraso en la producción, después del Año Nuevo Lunar, probablemente afecte en 2 puntos porcentuales al crecimiento de la industria manufacturera”, detalla Lan Shen, economista de Standard Chartered.

Por su parte, Tuuli McCully, economista para Asia Pacífico de Scotiabank, sostiene que “el hecho de que China sea el líder mundial en comercio electrónico solo amortiguará parcialmente el impacto en las ventas minoristas”. Además, consigna desde Singapur que “habrá interrupciones en las cadenas de suministro regionales estrechamente integradas, debido al cierre de la producción”.

A la hora de hacer comparaciones, el virus Sars de 2003, que costó entre 0,5 a 1 punto porcentual a la expansión china de ese año, es el antecedente más relevante. Sin embargo, ya son varios los que advierten que el coronavirus puede resultar más nocivo. “En ese entonces la economía estaba en la tendencia alcista, en cambio en 2020 persiste un impulso más débil”, señala Kelvin Lam, execonomista de la Gran China de HSBC.

Al respecto, subraya desde Hong Kong que “la economía de China está más orientada a los servicios y el consumo que en 2003. Por lo tanto, la desaceleración en el primer trimestre será bastante pronunciada, probablemente por debajo del 6%”.

De hecho, los bancos internacionales ya comenzaron a hacer los respectivos recortes de previsiones. JPMorgan redujo del 6% al 5,6% el crecimiento interanual chino para el primer trimestre y del 5,9% al 5,8% para el año completo. En tanto, Goldman Sachs, usualmente más pesimista, recortó la previsión del periodo enero-marzo desde el 5,6% al 4% y de todo el ejercicio, desde el 5,9% al 5,6%.

Pese a estos pronósticos, entre los analistas consultados por PULSO Domingo y los reportes de instituciones financieras, hay cierto consenso respecto a que, superada la emergencia, China podría ponerse rápidamente en marcha, dando continuidad a la desaceleración controlada que la ha caracterizado en los últimos años.

En ese marco, Juan Carlos Guajardo, director ejecutivo de Plusmining, espera que la baja de más del 10% que ha experimentado el valor del cobre, hasta los US$2,56 la libra, sea transitoria. “Creemos que los fundamentos son positivos. El coronavirus ha dilatado, pero no descarrilado, la recuperación” del metal rojo, indica el experto nacional. Sus pronósticos coinciden con los de Bloomberg Intelligence, que en un reporte publicado este viernes sostiene que “la recuperación en el corto plazo es probable, con el cobre volviendo a llegar a los US$6.000 la tonelada (US$2,7 la libra) antes de mediados de año”.

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