Lo decía el historiador británico Niall Ferguson en una entrevista el domingo pasado. Hay algo medieval en el ambiente. Es verdad que él se refería a lo sucedido en Estados Unidos en 2020, con el estallido de violencia racial en medio de la pandemia. Pero uno podría extrapolar sus palabras a estos lares. Hay algo medieval en el ambiente y no sólo porque, como en Estados Unidos hace dos años, la violencia también parece estar de vuelta por acá -regresaron los overoles blancos, los saqueos en supermercados y los liceos tomados- sino también por la re-potenciada cultura de la cancelación, que parece instalarse como una nueva versión de la “guerra de religiones”.

¿Sobrerreacción de algunos a causa de ese miedo que genera todo proceso constituyente, como decía el vicepresidente de la Convención Gaspar Domínguez o solo efecto de las “turbulencias” de las que hablaba el Presidente Gabriel Boric hace algunos días? Sea lo uno o lo otro, lo cierto es que los hechos de los últimos días han dado abundante material para el análisis. El ex vocero Jaime Bellolio, por ejemplo, apuntaba en una columna, que el país podría estar cosechando los vientos que ha sembrado. Y “el mayor riesgo”, según él, de esa cosecha, “es la tormenta que podría estar por venir, representada por la radicalización de identidades”.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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