Solo se conoce el material del que realmente está hecho un líder cuando hay una crisis. Ahora que el país se prepara para la toma del poder de su presidente más joven, algunos pudieran tener dudas sobre qué tan capacitado está Gabriel Boric para liderar al país en un contexto internacional de conflicto entre las dos principales potencias nucleares del mundo, y de incertidumbre económica. Pero aunque la edad y su corta trayectoria profesional no acompañen a Boric ni a su grupo íntimo de gobierno, toda crisis es también una oportunidad. Si demuestra madurez y responsabilidad en las decisiones que tome, su gobierno y el país podrán salir fortalecidos. Afortunadamente, la cordura, sabiduría y el pragmatismo también pueden aflorar con fuerza cuando un líder se enfrenta a un difícil momento.

La elección de un presidente siempre es complicada porque el electorado está obligado a escoger entre varios candidatos sin saber cuáles van a ser los desafíos que deba enfrentar. Por eso, aunque las campañas se centran en ciertos temas y los candidatos tienen determinadas prioridades, los programas de gobierno son solo un plan tentativo para el futuro. Los gobiernos siempre deben estar preparados para enfrentar cambios en la dirección en que soplan los vientos políticos y económicos en el país y en el mundo. Por eso, más que leer el programa de gobierno, los electores terminan tomando su decisión a partir de qué tan preparados perciben a los distintos candidatos que aspiran a dirigir el país.

En la campaña presidencial de 2021, los chilenos no parecían muy convencidos con las opciones que tuvieron en primera vuelta. Ninguno de los candidatos que se presentó logró superar el 30% de los votos. Eso es una potente señal de advertencia para Gabriel Boric. Cuando la lista de aspirantes presidenciales era larga, 3 de cada cuatro votantes optó por alternativas distintas a la que ofrecía el candidato del Frente Amplio. En la segunda vuelta, la historia fue distinta. Obligados a escoger entre Boric y José Antonio Kast, una amplia mayoría apostó por Boric. Pero eso probablemente dice más sobre la incapacidad de Kast para convencer al electorado que sobre las fortalezas de Boric. Después de todo, con las mismas fortalezas, Boric solo obtuvo un 25,8% de los votos en primera vuelta.

El cambio de discurso de Boric en la campaña de segunda vuelta pudo haber también convencido a muchos electores de que era una alternativa apropiada para dirigir el país. Pero lo que sí sabemos, más allá de cualquier duda, es que entre primera y segunda vuelta Boric demostró suficiente pragmatismo y sabiduría —o incluso oportunismo, lo que no es necesariamente malo— para corregir rumbo y adoptar un discurso que le permitió ganar el 55,9%, con un aumento sustantivo en el número de votantes.

Por eso, ahora que el mundo atraviesa por un momento complejo de posible guerra regional, que no se había visto desde el fin de la guerra fría, el impacto que tendrá la invasión de Rusia a Ucrania en la economía mundial obligará a los gobiernos del mundo a redefinir sus prioridades y revisitar sus planes. La guerra siempre obliga a hacerlo. Después de que la pandemia obligó a muchos países a aumentar el gasto público, el conflicto bélico potencialmente pudiera obstruir la recuperación económica post pandemia que todos esperábamos. Momentos como estos, en que reina la incertidumbre y cualquier error de cálculo podría empeorar sustantivamente las cosas, obligan a los gobiernos a dejar de lado el dogmatismo y a adoptar una estrategia flexible de pragmatismo que los ayude a navegar las complejas aguas políticas y económicas.

Para Boric, el conflicto en Ucrania es una mala noticia. Si se prolonga e impacta a la actividad económica mundial, estará obligado a poner en pausa la ambiciosa agenda de reformas que tiene su gobierno. Pero como un líder no elige el mundo en el que le toca actuar ni tiene control sobre lo que hacen las grandes potencias, el próximo presidente de Chile deberá demostrar que está hecho de material de líder y que es capaz de demostrar que, más allá de su edad, trayectoria previa, preparación y experiencia, tiene el temple y la voluntad para tomar el timón y liderar al país con calma, responsabilidad y visión en los complejos momentos que se pudieran venir si la crisis de Ucrania no tiene una pronta solución.

Por Patricio Navia, sociólogo, cientista político, académico UDP, para El Líbero

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