Las elecciones previstas para el próximo domingo en Nicaragua son “completamente un fake” y de ellas no se puede esperar ningún “resultado legítimo”, según afirmó este martes en Lima el alto representante para la Política Exterior de la Unión Europea (UE), Josep Borrell.

En un encuentro con medios extranjeros en Perú, donde llegó el lunes en su primera visita a América Latina desde que asumiera el cargo, el diplomático español indicó que la situación en el país centroamericano es “una de las más graves que hay en la actualidad” en todo el continente y una preocupación mayor incluso para Europa que las próximas elecciones locales y regionales que se desarrollarán en Venezuela.

“Más me preocupa Nicaragua, que hay elecciones que son completamente un fake. Allí no vamos a mandar ninguna misión de observación electoral porque el señor Ortega ya se encargó de encarcelar a todos los opositores políticos que se presentaban a las elecciones. No podemos esperar que este proceso arroje un resultado legítimo que podamos considerar, sino todo lo contrario”, afirmó Borrell.

El máximo representante de la política exterior de la UE se refirió así a la votación presidencial que tendrá lugar el domingo en Nicaragua, considerada ilegítima no sólo por el bloque europeo, sino también por Estados Unidos, debido al arresto arbitrario de hasta siete candidatos de la oposición.

Cristiana Chamorro, la aspirante a la presidencia que tenía mayor probabilidad de derrotar al actual mandatario, el sandinista Daniel Ortega, fue detenida por “traición a la patria” y presunto lavado de dinero y se encuentra en arresto domiciliario desde junio pasado e inhabilitada para participar en las elecciones a pedido del Ministerio Público, que dirige la ex guerrillera sandinista Ana Julia Guido.

Además, también quedaron fuera de la competencia por arrestos e investigaciones legales impulsadas por el régimen de Ortega Arturo Cruz, un ex embajador de Nicaragua en Estados Unidos, arrestado a su regreso de un viaje a Washington; Félix Maradiaga, Juan Sebastián Chamorro, el periodista Miguel Mora, el líder campesino Medardo Mairena y Noel Vidaurre.

Borrell llegó a Perú con el objetivo de fortalecer tanto las relaciones bilaterales como la cooperación regional.

En ese sentido, durante su visita al país se reunirá con el presidente Pedro Castillo, así como con el ministro de Exteriores, Óscar Maúrua, y con la presidenta del Congreso, María del Carmen Alva, además de con representantes de la sociedad civil.

Funcionarios norteamericanos comentaron a la agencia Reuters que el gobierno de Estados Unidos trabaja con socios internacionales en nuevas sanciones que podrían imponerse en respuesta a las elecciones del 7 de noviembre en Nicaragua.

La Casa Blanca también ha iniciado una revisión de la participación de Nicaragua en un acuerdo de libre comercio con Centroamérica y ya ha detenido el apoyo a cualquier actividad de “desarrollo de la capacidad comercial” que se considere que beneficien al régimen de Ortega, dijo un funcionario de alto rango del Departamento de Estado bajo condición de anonimato.

El gobierno de Biden, basándose en las sanciones impuestas por su predecesor Donald Trump, ha aplicado medidas financieras de castigo y prohibiciones de viaje a decenas de funcionarios nicaragüenses, incluidos los miembros de la familia Ortega, por la represión del gobierno centroamericano antes de la elección.

El Secretario de Estado norteamericano, Antony Blinken, declaró la semana pasada que Ortega, que aspira a un cuarto mandato, y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, estaban “preparando una elección falsa y carente de credibilidad, silenciando y arrestando a sus opositores”.

Una fuente del gobierno estadounidense dijo que se estaban preparando nuevas sanciones para después de las elecciones y el funcionario del Departamento de Estado también señaló que la medida era probable.

Ortega dijo en junio que las sanciones no doblegarán su administración y que su gobierno estaba siguiendo la ley al enjuiciar a las personas que conspiraban en su contra.

El dictador inició su campaña el 4 de octubre pasado llamando “terroristas” a los obispos nicaragüenses que actuaron como mediadores de un diálogo nacional con el que se buscaba una salida pacífica a la crisis que vive el país desde 2018.

El líder sandinista los ha calificado de “golpistas”, acusado de ser cómplices de fuerzas internas y de grupos internacionales que, a su juicio, actúan en Nicaragua para derrocarlo.

Las relaciones entre los sandinistas y la Iglesia católica de Nicaragua ha estado marcada por roces y desconfianzas en los últimos 42 años.

En un país donde la mayoría de la población profesa la fe católica, la Conferencia Episcopal ha dejado a la conciencia de cada nicaragüense votar o no en las elecciones.

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) alertó durante la 77 Asamblea General que el régimen de Ortega “se ha consolidado en sus políticas totalitarias y ha logrado imponer un clima de terror de cara a las elecciones generales”.

En su informe, la SIP señaló que Ortega y Murillo han continuado “con los ataques a los periodistas y medios de comunicación”, entre los que mencionó asedio policial, citas al Ministerio Público y acusaciones, y detenciones arbitrarias.

Reporteros Sin Fronteras (RSF), por su parte, incluyó este año a Ortega en su lista de “depredadores de la libertad de prensa”.

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