Para algunos como Gabriel Zaliasnik hay algo del “Libro del desasosiego” de Fernando Pessoa en todo esto.

Errores que no lo son en realidad. Porque según él, las supuestas fallas del trabajo de la convención son en realidad “definiciones intencionadas” que lo que buscan es “deconstruir la nación chilena y fragmentar el territorio en base a un conjunto inédito de autonomías”.

Y, agrega, “la historia enseña que diferenciar ciudadanos redunda en peligrosos excesos”.

Como apunta Pablo Ortúzar, al final la Convención solo vino a revelar “el estado real de las cosas”, el “sumidero de frustración, maltrato (y) rabia”. Ese Chile que es “el destilado de las furias de 2019”. Habría que recordar lo que decía Benjamin Franklin, “todo lo que empieza con rabia, termina en vergüenza”.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

/gap