Hace dos meses, el periodista Pablo González (40) enfermó de Covid-19. Estuvo casi 30 días en la Clínica Dávila, 10 de ellos en coma inducido. Cuando tuvo el alta, el 4 de agosto, comenzó una nueva batalla: recuperar la masa muscular, aprender a caminar con normalidad y tratarse con un fonoaudiólogo y un psicólogo.

“Lo más frustrante al despertar es percatarse que no puedes caminar. Sencillamente no tienes fuerza en las piernas, lo que te trae otras complicaciones como no poder levantarte de la cama. Lo anímico, tras zafar de la muerte, es muy difícil de sobrellevar”, relata.

“Hay que sacudirse de esos fantasmas y empezar de nuevo. La primera vez que vuelves a dar un paso por tu cuenta es realmente emocionante pues, en algún momento, te parecía totalmente imposible. Es maravilloso el trabajo de los kinesiólogos, desde la forma en que te llevan a no rendirte hasta la paciencia que demuestran en reintegrarte la fuerza”, relata.

Juan Ascui (49), conocido como el “Rey de la Acelga” en la Feria Lo Valledor, estuvo 28 días en coma inducido en el Hospital El Carmen de Maipú. Al igual que Pablo, perdió mucha masa muscular: de 160 kilos paso a 125.

“Quizás eso fue lo único bueno, porque estaba muy gordo. Pero la verdad es que ha sido todo muy complicado tras el alta: estoy con kinesiólogo para volver a caminar con normalidad y voy a un nefrólogo porque esta enfermedad me afectó el hígado”, cuenta Ascui.

Pesadillas…

Juan dice que estuvo a punto de morir y que, en los primeros días tras el alta, estuvo muy ansioso y con miedo. “Tuve pesadillas terribles en el coma. Eso te marca porque son muy reales y repetitivas. Cuesta hablar de ello”.

Pablo coincide con Juan en el daño psicológico. “Queda alojado en el inconsciente un miedo a la muerte que te impide dormir. Hoy tengo el apoyo de un psicólogo con el que trabajamos en superar ese miedo. De a poco las pastillas van quedando atrás”, relata.

“Pese al alta, uno debe convivir hasta semanas con los síntomas y es allí cuando uno se cuestiona si realmente lo superó y si cometió un error al ver a la familia e hijos. Es un virus muy culposo, recuerdo haber llorado solo y a mares cuando oí estornudar a mi hijo y no era nada más que su alergia”, cuenta.

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