Como nuestro país tiene una parte importante de su población de poca edad, otra parte de poca memoria y todavía otra parte de poca lectura, deseo colaborar con todos ellos recordándoles algunos antecedentes tranquilizadores de dos campañas que los atormentarán implacablemente durante las próximas semanas. Ello, en vista del balotaje de la elección presidencial determinado por los resultados electorales del pasado domingo.

Comienzo por advertirles que, tanto la campaña del terror como la campaña del Valium no solo no son una novedad, sino que nunca han faltado en las elecciones presidenciales de casi todo el pasado siglo. El término “campaña del terror” lo acuñó la izquierda chilena para aminorar el efecto electoral de las advertencias sobre las catástrofes que caían sobre los países en que llegaba al gobierno una izquierda radical. Naturalmente, esas denuncias tenían por base las atrocidades cometidas por los regímenes comunistas que se implantaron en varias partes del mundo tras la Revolución de Octubre en la Unión Soviética. Esas advertencias nunca perdieron su eficacia porque nunca hubo un régimen de extrema izquierda, generalmente dominado por los partidos comunistas, que no terminara en un desastre de muerte y miseria para los países que cayeron en sus manos. Y hoy siguen teniendo mucha eficacia porque esos desastres siguen sucediendo en países como Cuba, Nicaragua y Venezuela, por solo nombrar a los más próximos a nuestras fronteras.

Para contrarrestar la omnipresente campaña del terror, la extrema izquierda inventó la campaña del Valium, que consiste en calmar al electorado con promesas de moderación en el caso de alcanzar la presidencia.

Ambas campañas, la del terror y la del Valium, han tenido jugosos precedentes que es bueno recordar para no impresionarse demasiado ante ella. En la campaña presidencial de 1952, en que don Jorge Alessandri derrotó estrechamente a Salvador Allende, un partidario del primero escribió un librito que se llamó “Ganó Allende” y que era una política–ficción de lo que ocurría en Chile a partir de un triunfo del candidato socialista. Cuando en 1969 se volvían a enfrentar esos dos mismos candidatos, alguien tuvo la idea de reeditar la novelita “Ganó Allende” y fue tanto el escándalo que armó la candidatura de Don Salvador, que su autor, Perico Müller, se asustó de tal manera que emigró del país, porque lo menos que de él se decía era “agente de la CIA” bajo condena de muerte por terrorista. Lo paradojal fue que, esa vez, sí que ganó Allende y ocurrió exactamente todo lo que el librito había pronosticado diecisiete años antes.

La intensidad de la campaña del terror de esa ocasión fue superada, inmediatamente después, por la campaña del Valium que protagonizó el propio Allende en los días previos a su ratificación por el Congreso Pleno. No tenía horas para multiplicar las entrevistas tranquilizadoras con todos los sectores a los que asustaba su próximo gobierno. No le tembló la mano para firmar un inédito compromiso de garantías democráticas, que por supuesto no cumplió.  De hecho, yo mismo lo conocí en una de esas múltiples reuniones en que mostraba su mejor piel de cordero, que por supuesto se quitó en cuanto estuvo en La Moneda.

Se podrían multiplicar las anécdotas respecto al desarrollo de las sucesivas campañas del terror y campañas del Valium que nunca han dejado de acompañar a las elecciones presidenciales chilenas. Sin embargo, en la ocasión en que estamos van a tener una variedad novedosa. Ello, porque va a haber dos campañas del terror: una mostrando los desastres de un gobierno de extrema izquierda y otro mostrando los desastres que provocaría la incapacidad de otorgarle gobernabilidad al país si osara elegir un gobierno de derecha. Esta novedad de la campaña del terror por ingobernabilidad ha nacido con vigor a raíz del gobierno de Piñera II, que ha sido tan débil que hace olvidar a la ciudadanía que la gobernabilidad del país no depende del color político del mandatario sino que del largo de sus pantalones, de modo que un gobierno de shorts necesariamente pierde gobernabilidad.

Aún así, esta segunda campaña del terror va a producir una segunda campaña del Valium, en que el candidato derechista se esforzará por disipar los temores de ingobernabilidad y/o los temores de excesos represivos con que tratarán denodadamente de rebajarlo. Por su parte, tendrá la ventaja de que su campaña del terror al comunismo sí que tiene un trasfondo real que está potentemente reflejada en los libros de historia y hasta en los medios de comunicación de actualidad. Para la extrema izquierda chilena es mala noticia lo que está ocurriendo en Cuba, Nicaragua y Venezuela y veremos malabarismos verbales para que el tema no sea relevante en la campaña del balotaje.

Para los chilenos con capacidad de serenidad en los días que se avecinan, será bueno recordar lo antes señalado porque tendrá el mismo efecto que las campañas de vacunación contra el Covid 19, que nos ponen relativamente a cubierto de un virus que es muy peligroso pero no tanto como un candidato desesperado.

Por Orlando Sáenz, empresario y escritor, para ellibero.cl

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