“Estimado hermano sacerdote, junto con saludarlos cordialmente, aunque ya varios de ustedes saben, ahora formalmente los hago parte de que viajaré a España, por unos meses, principalmente por razones de salud. Les aseguro mi cercanía y oración, así como me confío a la de ustedes. Nos vemos a mi regreso para continuar, con renovada fuerza, sirviendo al pueblo de Dios”.

Ese fue el mensaje de Whatsapp que envió el obispo auxiliar de Santiago Cristián Roncagliolo -hasta ese entonces vicario general del Arzobispado de Santiago- para informar sobre su partida a los sacerdotes y al Consejo de Vicarios de la arquidiócesis santiaguina.

Lo mandó un día antes de que abordara un avión rumbo a España, el que tomó la mañana del jueves 5 de mayo, y 48 horas antes de que se comunicara oficialmente el nombramiento del obispo Alberto Lorenzelli como su sucesor. Por medio de un escueto comunicado, se informó que el cardenal Celestino Aós había aceptado la renuncia de Roncagliolo para “comenzar un tiempo de recuperación integral”. La frase de inmediato llamó la atención entre los laicos y sacerdotes de la arquidiócesis de Santiago pues era algo que nunca habían leído en un comunicado de este tipo.

Las dudas respecto de los motivos de su partida ya existían entre los obispos de la Conferencia Episcopal (CECh). Roncagliolo no asistió a la asamblea plenaria de abril que se realizó en Lo Cañas, Santiago, y ese día en la mañana fue visto en una misa, pero en la tarde no se apareció. En esa misma instancia se informó que el ex Vice Gran Canciller de la Universidad Católica se estaba sometiendo a análisis médicos relacionados con el cáncer que lo afectó hace unos cuatro años. Pero no se dieron mayores detalles respecto de las razones de su ausencia. De hecho se les dijo a los obispos que si tenían alguna duda, tenían que verlo directamente con Roncagliolo.

Tras su renuncia, el asunto comenzó a ser comentario obligado en grupos de Whatsapp entre distintos miembros de la Iglesia. “No puedo dejar de expresar mi malestar y desconcierto. Esto es muy extraño y difícil de creer. Perdonen mi suspicacia y mal pensamiento. Por supuesto que no solo rezaré por Cristián, sino también para que como Iglesia luchemos por poner en práctica lo del Evangelio: ‘La verdad los hace libres’”, escribió un cura. Otro, por su parte, dijo: “Sorprende su repentina partida. Quedo preocupado y también desconcertado”.

¿Por qué las dudas? Como comentaron diferentes fuentes a este medio, Roncagliolo partió a España en medio de denuncias por hechos de connotación sexual en su contra.

Consultada por La Tercera PM, la presidenta del Consejo de Prevención de Abusos y Acompañamiento a Víctimas de la CECh, Ana María Celis, confirmó la información: “Contando con la autorización para responder por parte de quienes, en el contexto del servicio de escucha encargado por Monseñor Scicluna recurrieron al Consejo de Prevención de la CECh, se recibieron antecedentes relativos a Monseñor Roncagliolo y, sin que al Consejo le correspondiese calificar los hechos o conocer decisiones posteriores, se derivaron a la Congregación para los Obispos de la Santa Sede”. No se precisó, eso sí, en qué fecha se presentaron los antecedentes.

Un sacerdote -que pidió reserva de su nombre- fue una de las personas que ingresó una denuncia. “En 2019 acompañé a una denunciante a presentar una acusación en contra del obispo Cristián Roncagliolo y otros sacerdotes por hechos de connotación sexual. Esto lo hicimos ante Josefina Martínez, quien en ese momento trabajaba en Consejo Nacional de Prevención de Abusos a Menores de Edad y Acompañamiento a Víctimas. Hasta la fecha no hemos sabido más ni tampoco nos notificaron de la apertura de alguna investigación”, comenta.

Este medio no pudo precisar si se trata de los mismos antecedentes a los que hace referencia Celis.

Este medio además pudo constatar, con una fuente confiable que fue testigo de lo ocurrido, que otra víctima hizo una denuncia en contra del obispo Roncagliolo en plena pandemia, el primer semestre del año 2020.

Además, existen otros temas de hostigamiento laboral que involucran al obispo. Los hechos, que fueron denunciados, se refieren a situaciones que ocurrieron con el equipo del Departamento de Comunicaciones del Arzobispado de Santiago que depende del vicario general. Por esa situación, de hecho, Roncagliolo dejó sus labores en dicho departamento y en su lugar se designó a Andrés Moro, vicario para la Educación. El Arzobispado fue requerido para tener detalles sobre estos hechos, pero a pesar de la insistencia declinaron responder.

A pesar de que la CECh no entregó información sobre la fecha de la denuncia, todo indica que estos antecedentes fueron derivados al Vaticano hace años. Esto le pone presión directamente al Papa Francisco y la Congregación para los Obispos. Roncagliolo fue nombrado obispo en marzo de 2017 y hasta la fecha nunca se ha sabido de manera oficial que exista alguna investigación previa o investigación canónica en su contra. La Tercera PM le consultó a Matteo Bruni, portavoz y director de prensa del Vaticano, sobre estos hechos para saber qué fue de estos antecedentes derivados a la Santa Sede, pero a pesar de haber hecho la solicitud dos veces no se obtuvo respuesta.

Consultada la Nunciatura, tampoco respondió a los requerimientos de este medio.

¿Qué implica la “recuperación integral” de Roncagliolo?

Una vez que La Tercera PM comenzó a indagar sobre el viaje del sacerdote diocesano a España, e incluso se intentara tomar contacto con él, la tarde del martes el obispo Lorenzelli compartió con los sacerdotes de Santiago y el Consejo de Vicarios un mensaje de Roncagliolo vía Whatsapp en el que explicaba las razones que tuvo para dejar el país y por qué debe someterse a una “sanación espiritual, psíquica y física”.

“Estando ya aquí, después de haber podido parar en seco y con perspectiva, quiero compartir con ustedes mi proceso vital de este último tiempo. Hace un año y medio acudí a un especialista por una creciente labilidad del carácter, insomnio, pérdida de memoria y decaimiento. En ese momento se me recomendó disminuir la carga laboral y hacer seguimiento médico. Lamentablemente, al poco andar, dejé de lado el tratamiento, continuando mi vida normal pensando que era posible salir de la situación. Si bien los problemas se agudizaron, por la pandemia y otros factores, no retomé el tratamiento”, partió diciendo el sacerdote.

Y continuó: “A fines de febrero de este año 2022 acudí a la especialista porque había otros síntomas nuevos especialmente dolor en el nervio de la pierna operada (creciente), mayor pérdida de memoria, insomnio y otros síntomas como aversión a los problemas de cualquier especie. La doctora me hizo ver que el tema tenía relación directa con el stress no tratado (ni sopesado) y que ahora tenía síntomas claros de burnout. Señaló que no había otro camino más que parar en seco toda actividad”.

“En ese contexto se me ofreció una posibilidad médica en España para hacer la primera parte del proceso de recuperación, que implica desconexión total con acompañamiento interdisciplinar. Esta oferta implicó hacerlo todo con celeridad incluida una infinidad de exámenes. Lamento no haber compartido desde el principio esta situación, pero también me cuesta hacerme cargo de la enfermedad y aceptarla”, añadió el sacerdote.

Esas palabras sigue generando suspicacias, y por lo mismo, representantes de agrupaciones de laicos han solicitado explicaciones. En conversación con La Tercera PM, el vocero de la Red Nacional de Laicos y Laicas, Roberto Sánchez, comentó que les parece “inaceptable” que desde el organismo no se haya precisado oficialmente los detalles de la renuncia del exvicario general: “No se entiende, tiene problemas de salud ocasionales o francamente esto es usar las viejas prácticas de cambiar a un obispo de lugar, de ciudad, para que no se sepan los verdaderos motivos de su salida”.

Para ellos, dijo, hay más y no descartan que sus superiores estén buscando encubrirlo. “Tenemos información de que hay acusaciones formales por abuso y que están en la Santa Sede. No sabemos si hay un veredicto o no, pero creemos que ha faltado transparencia del Arzobispado”, afirmó Sánchez.

El auge y poder de Roncagliolo
Desde muy joven Cristián Carlo Roncagliolo Pacheco (52) fue cercano a la Pontificia Universidad Católica de Chile. Tras egresar del Colegio San Pedro Nolasco, ingresó a Derecho en ese establecimiento, donde cursó tres años antes de dejar la carrera para unirse al Seminario Pontificio Mayor de Santiago.

Fue ordenado diácono el 24 de octubre de 1998 y sacerdote el 3 de julio de 1999, incardinándose en la Arquidiócesis de Santiago de Chile. Posterior a ello, como se lee en la biografía que destaca el Arzobispado de Santiago, fue Vicario de varias parroquias entre 1999 y 2017.

En paralelo realizó funciones que le permitieron abrirse espacio en la curia. Entre 2001 y 2006 fue secretario particular del Arzobispo de Santiago, Francisco Javier Errázuriz. Eso sí, sus cercanos nunca lo posicionaron como uno de los cercanos a Errázuriz, pues paradójicamente, siempre se habría mostrado crítico de la forma en que llevó los casos de abusos. Dejó el puesto y partió a Roma, donde obtuvo el Doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Salesiana. Ahí hizo su tesis sobre “El discipulado en Aparecida. Estudio de un tema central en el Documento de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano”. Fue justo en Aparecida que Roncagliolo trabajó estrechamente con el entonces cardenal Jorge Mario Bergoglio -actual Papa Francisco-, quien fue el relator del encuentro y estuvo a cargo del documento final.

Tras su regreso a Chile, en 2010 fue nombrado Capellán Mayor de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Director de la Pastoral de la UC, y luego de solo un año, a sus 42 años, asumió como Vice Gran Canciller de la misma universidad, tal y como quería el cardenal Ricardo Ezzati.

Ese rol no fue nada de fácil, ya que le tocó suceder al obispo auxiliar de Santiago Andrés Arteaga, fiel seguidor de Fernando Karadima y a quien las víctimas le recriminaron haber estado al tanto de sus abusos.

En 2017, el Papa lo nombró obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Santiago de Chile, y 14 meses después -luego del viaje a Roma de todos los obispos chilenos, donde estos presentaron en bloque su renuncia al Papa-, se posicionó como “el segundo a bordo”, siendo nombrado Vicario General de la Arquidiócesis de Santiago y Moderador de la Curia Arzobispal. Esto, nuevamente de la mano de Ezzati, quien lo volvía a reclutar.

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