Pero sea una cosa u otra la que inspira a los actuales inquilinos de La Moneda, lo cierto es que, como apuntaba una columna la semana pasada, “su pasado los condena”.

Lo escribía Josefina Araos sobre el gobierno: “su liviana relación con la violencia mientras era oposición le impidió entender la autonomía del fenómeno, que no responde a causas sino que avanza por sus propios fueros”.

Es verdad, agrega, “que cualquiera que hubiera llegado La Moneda se habría visto sobrepasado por una realidad que hunde sus raíces en procesos de largo aliento”. Pero, también es cierto que este gobierno tiene una dificultad adicional, porque además pecaba en el pasado, como decía Max Colodro, de “la ilusión de que la violencia política empezaría a mejorar” cuando llegaran al poder.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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