Después de la debacle electoral del fin semana, la derecha logró inscribir a cuatro candidatos para las primarias presidenciales del 18 de julio. Si bien los partidos de Chile Vamos mostraron una disciplina y unidad admirables —especialmente cuando se lo comparaba con el desorden que actualmente reina en la izquierda—, sigue enfrentando un complejo desafío. Con un electorado que tiene en muy baja aprobación al gobierno derechista Sebastián Piñera, debe articular un mensaje que le permita evitar una nueva debacle en noviembre. Para eso, debe conseguir que la participación en las primarias presidenciales de su sector supere ampliamente a la participación en las primarias del Frente Amplio/Partido Comunista. Eso que ahora parece una hazaña imposible, solo lo lograrán si dejan de disfrazarse de socialdemócratas o de centristas. Los cuatro aspirantes de ese sector deben articular un mensaje de derecha moderna, acorde a los tiempos, pero también valiente y firme sobre una plataforma clara y decidida de defensa del libre mercado, del sector privado y de la igualdad de oportunidades.

Después de la aplastante derrota del fin de semana pasado y ante la dura realidad de que este gobierno ya se acabó, la derecha no pasa por su mejor momento. De hecho, muchos en ella preferirían una campaña para las primarias más bien de baja intensidad en la que haya tres teloneros y un solo número principal. Para eso, esperan que Ignacio Briones de Evópoli, Mario Desbordes de RN y el independiente (ahora) derechista Sebastián Sichel opten por no desafiar el evidente liderazgo que tiene hoy Joaquín Lavín en las encuestas.

Pero si eso ocurre, la derecha solo cavará más profundo su propia tumba. La gente quiere ver un intercambio vigoroso de visiones y proyectos de país. Las personas quieren que las campañas signifiquen algo. Después del éxito que tuvieron los independientes y los candidatos que estuvieron en los territorios durante varios meses buscando apoyo para entrar a la constituyente, lo peor que podrían hacer los candidatos de derecha hoy es olvidarse de la calle, por más hostil y poco amistosa que ésta hoy parezca para los rostros de ese sector.

Pero tampoco sirve de mucho estar en la calle sin ideas y mensajes claros. Como los resultados electorales dejaron en claro que los chilenos prefirieron las opciones de izquierda, varios aspirantes derechistas a la presidencia de la república parecen decididos a mimetizarse con las ideas y propuestas de izquierda. Eso sería un grave error. La gente siempre prefiere el original a la copia. Es más, al abandonar las ideas de derecha, los candidatos presidenciales de Chile Vamos arriesgan también dejar un flanco abierto para que José Antonio Kast y su Partido Republicano sigan conquistando votantes de derecha que ahora se sienten huérfanos. Los aspirantes presidenciales de derecha deben aprender a combinar un discurso que sume votos —con el 20% de los votos obtenidos el domingo claramente no alcanza—, pero también uno que permita a la gente saber que la oferta de la derecha es distinta a la propuesta de la izquierda de que todo se soluciona aumentando el gasto público (como si el presupuesto fiscal fuera un chicle que se puede estirar hasta el infinito) y que la nueva constitución es una píldora mágica que solucionará todos los problemas.

Los aspirantes presidenciales de derecha deben aterrizar sus conceptos e ideas a medidas concretas. En vez de sumarse al coro izquierdista que solo habla de derechos, la derecha debe hablar de derechos y responsabilidades. En vez de repetir el estribillo de que el gran problema es la desigualdad, los aspirantes derechistas deben comunicar exitosamente que no sacamos nada con ser todos igualmente pobres. El gran problema que enfrenta Chile hoy es la falta de oportunidades de empleo y el magro crecimiento económico. Mientras la izquierda habla de asistencialismo, la derecha debe empezar a hablar de oportunidades, de emparejar la cancha y de inclusión social efectiva. Es cierto que el desafío es difícil, especialmente cuando la izquierda promete y promete derechos sociales. Pero el camino alternativo de disfrazarse de izquierda no lleva a ninguna parte.

Las elecciones nunca se pierden antes de empezar la campaña. Aquellos que candidatos que se olvidan de que la gente es la que finalmente decide, a menudo se llevan amargas sorpresas en las elecciones. Se equivocan los que creen que basta con levantar muchas contribuciones de campaña o que puedes ganar una campaña por tener presencia en redes sociales o estar en la televisión. Para ganar elecciones, hay que estar en la calle. Si bien la derecha todavía muerde el polvo de la derrota, ese sector tiene una inmejorable oportunidad para volver a levantarse en las primarias del 18 de julio. Para hacerlo, debe aceptar que la estrategia anterior no funcionó y debe enarbolar las banderas de derecha sin temor ni complejos. Solo así podrá dar vuelta un escenario que ahora se ve particularmente complejo.

Por Patricio Navia, sociólogo, cientista político, académico UDP, para El Líbero

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