La batalla de Mariupol entre las Fuerzas Armadas de Ucrania y las tropas rusas exhibe una característica dramática: cientos de civiles quedaron atrapados entre los escombros de la planta siderúrgica de Azovstal, mientras caen los cohetes lanzados por orden de Moscú y se agota el agua potable, la comida y los insumos médicos.

Se trata de una tragedia moderna que Vladimir Putin no desea terminar y que Volodimir Zelensky -presidente de Ucrania- no puede evitar con su acotado poderío militar y sus infinitos reclamos públicos.

Un día más tarde, Guterres se reunió con Zelensky en Kiev. Fue una conversación dura y completa de reproches. Al jefe de Estado no le gustó que el secretario general de la ONU viajará primero a Moscú y adelantó en el cónclave que no creía una sola palabra del líder ruso.

Zelensky tenía razón.

infografia

/Gap