Jacob Lemieux, especialista en enfermedades infecciosas del Hospital General de Massachusetts e instructor de la Escuela de Medicina de Harvard, dijo esta semana que los datos recientes de COVID-19 de Sudáfrica son “alarmantes”, ya que las subvariantes BA.4 y BA.5 de Ómicron parecen estar causando un aumento exponencial en las tasas de positividad, el porcentaje de todas las pruebas que son positivas, y ya representan más del 50% de los casos.

“Se empieza a ver un aumento que recuerda, en sus cifras, su calendario y su tasa de positividad en las pruebas, a la ola de Ómicron, posiblemente incluso despegando más rápido”, dijo Lemieux durante una sesión informativa para los medios de comunicación días atrás por el Consorcio de Preparación de Patógenos de Massachusetts. “Es realmente alarmante y sugiere que probablemente veremos una quinta oleada en Sudáfrica. El alcance de esta ola aún no está claro”.

Lemieux, que es el codirector del programa de variantes víricas de MassCPR, dijo que es demasiado pronto para saber si las subvariantes causarán un aumento de las hospitalizaciones y las muertes o, como la subvariante BA.2 que eclipsó a la Ómicron original en Sudáfrica y Estados Unidos, simplemente sustituirán a las versiones anteriores del virus sin causar un aumento de las enfermedades graves. “Hay mucha más inmunidad a nivel de la población, así que tal vez sólo sea una ola en números, no en morbilidad y mortalidad”, remarcó el experto. “Pero tiene un sabor a ‘aquí vamos de nuevo’”.

Los comentarios de Lemieux se produjeron en medio de noticias generalmente positivas sobre el virus en EEUU. Anthony Fauci, el principal asesor médico del presidente, declaró el pasado martes a los medios de comunicación que el país ha escapado de la fase pandémica del COVID-19 y parece estar desacelerando hacia la enfermedad endémica, donde se producen casos pero las hospitalizaciones y la mortalidad siguen siendo relativamente bajas. (Fauci aclaró sus declaraciones al día siguiente, diciendo que se refería al “componente agudo de la pandemia”).

Mientras tanto, una nueva investigación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) muestra que casi el 60% de los estadounidenses se habían infectado con el SARS-CoV-2 en febrero. El estudio captó el impacto de la oleada inicial de Ómicron, que hizo que el porcentaje de estadounidenses con anticuerpos por infección de coronavirus pasara del 34% en diciembre al 58% en febrero.

Los resultados sugieren que la mayoría de los estadounidenses tienen al menos cierta inmunidad natural. La directora de los CDC, Rochelle Walensky, profesora de medicina en excedencia en el HMS y en el Hospital General de Massachusetts, aseguró que la inmunidad derivada de la vacunación parece ser superior a la obtenida por la exposición, por lo que la agencia sigue recomendando la vacunación a las personas que han tenido coronavirus.

Según Galit Alter, profesor de medicina en el HMS y el MGH, que intervino en la sesión informativa de MassCPR, hacerlo puede conferir beneficios significativos en materia de inmunidad. Alter citó pruebas convincentes de que la “inmunidad híbrida” -obtenida a partir de una variedad de fuentes, como la infección y la vacunación, o la vacunación y el refuerzo con una vacuna diferente- proporciona una protección más fuerte que la inmunidad natural o la inmunidad derivada de la vacunación por sí sola. “La inmunidad híbrida es realmente el correlato más sólido de la protección contra la enfermedad grave y la muerte”, sostuvo el experto. Y añadió: “Incluso la gente que ha recibido dos vacunas… no parece resistir tan bien el COVID-19 como la gente que tenía inmunidad híbrida debido a la infección antes o después de la vacunación. Hay algo especial en ver el virus en su totalidad”.

Aunque las perspectivas de la pandemia en el país siguen siendo favorables, hay algunas áreas de preocupación, según Walensky. Los casos han aumentado ligeramente desde que alcanzaron un mínimo de unos 25.000 a principios de abril, y la media móvil de siete días superó los 45.000 a principios de la semana pasada. Las hospitalizaciones también han aumentado, pasando de un mínimo de 0,43 por 100.000 el 8 de abril a 0,54 por 100.000 en el mismo período. Las tasas de vacunación han aumentado lentamente, y el 82,4% de los estadounidenses de 5 años o más han recibido al menos una dosis. Entre la población más vulnerable, de 65 años o más, esa cifra es del 95%, con un 90,1% del grupo ya totalmente vacunado.

“El surgimiento de nuevas variantes del coronavirus ocurre como resultado de su capacidad de replicación, que lo hace miles de millones de veces y le sirve al virus para ir cambiando su característica genética y encontrando formas de sobrevivir en un ambiente hostil”, explicó a Infobae el médico infectólogo y miembro de la Comisión de Vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), Francisco Nacinovich.

Los virus como el SARS-CoV-2 evolucionan constantemente a medida que se producen cambios en el código genético (mutaciones genéticas) durante la replicación del genoma. Un linaje es un grupo de variantes de virus estrechamente relacionados desde el punto de vista genético derivados de un ancestro en común. Una variante, en tanto, tiene una o más mutaciones que la diferencian de las otras variantes del SARS-CoV-2.

Tal como se preveía, se han documentado múltiples variantes del virus del COVID-19 a nivel mundial durante esta pandemia. Para fundamentar las investigaciones de brotes locales y comprender las tendencias nacionales, los científicos comparan las diferencias genéticas de los patógenos para identificar las variantes y cuán estrecha es su relación entre sí. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en colaboración con los países, las redes de expertos, instituciones e investigadores, han estado vigilando y evaluando la evolución del SARS?CoV-2 desde enero de 2020. La aparición de variantes que suponían un mayor riesgo para la salud pública mundial, a finales de 2020, hizo que se empezaran a utilizar las categorías específicas de “variante de interés (VOI)” y “variante de preocupación (VOC)”, con el fin de priorizar el seguimiento y la investigación a escala mundial y, en última instancia, orientar la respuesta a la pandemia.

“Se han establecido sistemas de ámbito mundial, cuya eficacia se está reforzando actualmente, para detectar ‘señales’ de posibles variantes preocupantes y de interés y para evaluarlas en función del riesgo que supongan para la salud pública mundial. No obstante, las autoridades nacionales pueden optar por designar otras posibles variantes preocupantes y de interés a escala local”, afirma la OMS en su último boletín semanal. Las estrategias y las medidas que recomienda actualmente la organización siguen funcionando contra las variantes del virus detectadas desde el comienzo de la pandemia. Se ha demostrado en muchos países con amplia transmisión de variantes preocupantes que las medidas sociales y de salud pública, como las de prevención y control de la infección, reducen eficazmente el número de casos, hospitalizaciones y muertes por COVID-19.

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