Ya pasaron más de tres meses sin dirigirse la palabra y enviándose mensajes cruzados por los medios y en actos públicos. Este viernes, Alberto Fernández y Cristina Kirchner volverán a compartir un acto, en el medio de la incipiente tregua en la interna oficialista. Ambos asistirán a la celebración de los 100 años de YPF en Tecnópolis. El Presidente, no obstante o precisamente por eso, dilató la confirmación de su asistencia.

Al final, la conmemoración se convertirá en un gesto de unidad del resquebrajado Frente de Todos, luego de meses de cortocircuitos indisimulables, que se aceleraron tras la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque oficialista en desacuerdo por la negociación con el FMI. Participarán casi todos los ministros del Gabinete.

Entre ellos se contarían el ministro de Economía, Martín Guzmán; y de Desarrollo Productivo Matías Kulfas; los funcionarios más objetados por la vicepresidenta y su hijo. Ninguno de los dos, no obstante, confirmó oficialmente presencia. En el entorno de Máximo Kirchner tampoco aseguraron si el diputado dirá presente.

Fuentes oficiales consignaron que en los últimos días hubo contactos entre colaboradores de los Fernández para tender puentes. CFK será una de las oradoras centrales junto al mandatario, que clausurará el acto.

El Presidente, no obstante, jugó al misterio durante buena parte de la tarde. La vice fue la primera en confirmar que reaparecería en el predio de Villa Martelli para sumarse a un acto de gestión, algo que no ocurría desde septiembre de 2021, cuando se presentó el proyecto de ley de agroindustria -que todavía no fue sancionado en el Congreso- tras la derrota en las PASO y la renuncia masiva de los 6 ministros que le responden.

Fernández tenía una excusa formal para pegar el faltazo. Había participado hace 40 días de la celebración de la compañía petrolera en Neuquén. Esa vez los ojos se posaron en Federico Basualdo, el subsecretario de Energía, miembro de La Cámpora, que resistió el ajuste de tarifas y que el ministro de Economía lo echara de su cargo.

La vice tendrá una platea de su agrado, con dirigentes allegados. YPF es controlada por Pablo González, ex vicegobernador de Santa Cruz, y tiene en su directorio a encumbrados dirigentes de La Cámpora. Se trata de una de las cajas más importantes del Estado, a los que Fernández no quiso despedir, a pesar de las recomendaciones de algunos de sus funcionarios más cercanos.

Al acto de la petrolera en Villa Martelli asistirán el gobernador Axel Kicillof, intendentes, legisladores y muy posiblemente Sergio Massa.

La última aparición pública de la ex presidenta había sido en Chaco, el 6 de mayo, cuando aseguró que el Gobierno defraudó a sus votantes y minimizó el poder territorial de Fernández.

El jefe de Estado eligió contestarle por los medios durante su gira europea y ratificó el rumbo de su gestión. Como si fuera una ironía del destino, el último sábado, el Presidente pisó el mismo escenario desde la vicepresidenta lo criticó: relativizó las diferencias internas y apuntó contra “la derecha maldita”, el “verdadero enemigo”, según la apreciación presidencial.

Fernández ofrendó otras prendas de unidad hacia el kirchnerismo, como la diatriba contra la Corte Suprema y la oposición y las críticas a Estados Unidos por la exclusión de Nicaragua, Venezuela y Cuba de la Cumbre de las Américas.

La tregua entre las facciones oficialistas se impuso en las últimas semanas, aunque el secretario general de La Cámpora Andrés Larroque puso en duda que la interna pudiera aquietarse si Fernández convocaba finalmente a una mesa nacional del Frente de Todos, como el cristinismo y Sergio Massa le reclamaban a Fernández. “No es una cuestión mágica que se soluciona con una simple reunión”, dijo el ministro de Desarrollo Humano bonaerense.

El CEO de YPF, un kirchnerista de paladar negro, asistió la semana pasada al acto en el que se oficializó la flexibilización del cepo cambiario para empresas petroleras, que fue otro intento de empoderar al ministro de Economía Martín Guzmán.

La vicepresidenta, en tanto, recibió este jueves a Juan Manzur en su oficina en el Senado, antes de que el jefe de Gabinete brindara su informe en la Cámara Alta. Se retiró justo cuando el gobernador en uso de licencia de Tucumán se disponía a defender el acuerdo con el FMI que el cristinismo objeta.

Bueno, listo chau“, fue lo último que CFK le dijo al Presidente al despedirlo en las escalinatas del Congreso tras la Asamblea Legislativa. Durante los 90 días posteriores apenas hubo un contacto por Telegram en el que la vice saludó a Fernández por el nacimiento de su hijo Francisco y un regalo irónico por su cumpleaños. Ahora escribirán un nuevo capítulo de su tormentosa relación política y personal.

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