Esta semana fuimos testigos de cómo un leve movimiento en las estadísticas pudo generar reacciones exageradas en las filas tanto del Rechazo como del “apruebo oficialista”. En el primer caso se percibió nerviosismo y, en el segundo, la sensación de tener “licencia” para “intervenir” (electoralmente) sin limitaciones.

A las fuerzas del Rechazo se les borró de la memoria que los “sacudones” son habituales, que se pueden producir en forma intempestiva -ascendentes o descendentes-, y que lo importante, además de mantener la calma, es determinar tanto las causas de los movimientos de la “meteorología política”, como los riesgos que representan.

Se les olvidó que la política exige estar preparados para soportar las turbulencias y que cuando ocurren, se debe conservar la mente fría y “la caña” (estrategia) firme; que lo peor es angustiarse, y que hay que “recuperar la altura” en el mínimo de tiempo para evitar que los “pasajeros” (electores) se preocupen más de lo normal.

El Rechazo está frente a un adversario que hará “todo y más” para evitar una derrota. Ese mocerío de dirigentes que parecían “progresistas e idealistas” ha terminado siendo una peste política que impele una pestilencia refundacional a la que hay que detener antes que sea demasiado tarde.

Quienes llevan la batuta del apruebo tratan de ocultar sus motivaciones más radicales tras la idea de que están en “fase de despegue”, mientras las circunstancias indican que, apoyados por la izquierda fundamentalista, pretenden llevar adelante un “proyecto país” que no se condice con nuestro “Ser Nacional”… Ellos están por otro Chile, que no es el nuestro.

Están tan conscientes de lo que buscan, que se han “matriculado” con el Proyecto Constitucional que sirve a esos propósitos, el que buscan aprobar con un abierto intervencionismo, apoyado en un discurso centrado en lo emocional y en el ofrecimiento de impulsar los cambios que sean necesarios si gana el apruebo.

Con el gobierno en campaña, con el Presidente de guaripola, con un discurso político decolorado, con una sarta de musarañas económicas y con “toda la carne en la parrilla” se quiere convencer al elector vacilante que “son lo que no son”, y que, “si le cortan las orejas a un burro, éste se transforma en caballo”.

Estas parecieran ser las causas de la “turbulencia estadística” de esta semana, lo que exige a las cabezas del Rechazo una actitud vigilante, mucho terreno y un discurso simple.

Es tiempo de estar “tranquilo nervioso”: tranquilo, porque el plebiscito es ganable y el mensaje debe ser tranquilizador, apasionante y fortalecedor; nervioso, porque son momentos decisivos que exigen mucho sacrificio, mucha coherencia y mente fría.

Al comentar estas líneas a un contertulio… después de un breve silencio entonó: “…ligera la planta / serena la frente …” era el Himno del Triunfo en Yungay (1839) y que fuera himno nacional hasta mediados del Siglo XX…

Después de escuchar esos marciales compases esta inquieta pluma se quedó pensando … si esto último le dirá algo a la sociedad actual.

Cristián Labbé Galilea