Al haberse convertido en el líder de facto de la campaña del Apruebo, el Presidente Gabriel Boric le entregó una pesada mochila a esa opción. Lo que debió ser una victoria fácil para el Apruebo el 4 de septiembre se ha convertido en una aventura cuesta arriba toda vez que esa mayoría de personas que desaprueban el desempeño del gobierno inevitablemente han convertido su voto en el plebiscito en una oportunidad para castigar al gobierno y mostrar su rechazo a la alta inflación y a los niveles crecientes de delincuencia. Mucho más que el contenido del texto de la constitución —que por cierto es malo y deficiente—, la principal razón por la que el Rechazo lidera en las encuestas, hasta ahora, es porque una mayoría de los chilenos objeta el rumbo por el que va el país.

Da la impresión de que el Presidente Boric y su círculo más cercano nunca entendieron que su victoria en segunda vuelta se debió más a la impopularidad de José Antonio Kast que a los atributos del candidato de Frente Amplio y Partido Comunista. Boric obtuvo solo un 25,8% de los votos en la primera vuelta. Tres de cada cuatro personas pensaban que Boric no era la mejor opción para ser presidente. Es cierto que Boric luego obtuvo un 55,9% en la segunda vuelta, con un aumento importante en la participación. Pero eso no quiere decir que la gente haya confiado ciegamente en el inexperto, desarreglado, errático e indisciplinado egresado de derecho de 36 años que nunca ha trabajo fuera del mundo político. La votación de la segunda vuelta se explica más bien por el rechazo y temor que producía la alternativa.

Una vez en el poder, Boric se apresuró en desperdiciar la oportunidad que le dio la opinión pública para intentar demostrar que, pese a su corta edad, tenía dedos para el piano. Al nombrar su gabinete, Boric privilegió el amiguismo y el pituto partidista. En vez de nombrar un gabinete con diversidad de experiencias de vida y trayectorias, se llenó de personas con recorridos sociales, políticos y generacionales similares a la suya. El ejército de clones que llegó al poder —salvo honrosas, pero insuficientes excepciones— rápidamente llevó al gobierno a la caída más precipitada en aprobación presidencial desde que hay registros en el país.

Sin percatarse de que se había convertido en una especie de Rey Midas negativo, Boric optó por ignorar el mal camino que ya había tomado la convención constitucional. En vez de hacer esfuerzos por lograr que el texto que se estaba redactando fuera lo suficientemente aceptable para la mayoría, Boric pareció olvidarse de que el pueblo lo había elegido para liderar. Cuando la convención le entregó el texto el 4 de julio, el Presidente —que también llegó tarde a esa actividad— sonrió sin entender que ahora le tocaba a él la difícil tarea de liderar una campaña que, aunque fácil en el papel (¿quién se va a oponer a un arbolito de pascua lleno de regalos y promesas de derechos sociales para todos?), se enfrentaba a un clima económico y social crecientemente adverso.

En los casi 50 días que han transcurrido desde que empezó la campaña, Boric le ha hecho más mal que bien al Apruebo. Es verdad que, como algunos han mencionado, cuando el presidente se involucró más activamente en la campaña, el Apruebo subió algunos puntos. Pero el problema de ello era el techo que automáticamente recibía el Apruebo. Aunque Boric despertó entusiasmo en sus bases más leales, su liderazgo más activo en la campaña también hizo que la gente asociara más directamente la inflación, la delincuencia y las vicisitudes económicas que ya empiezan a golpearnos con la opción Apruebo. La participación más activa de Boric en la campaña dio un empujón al Apruebo, pero también le puso un techo que va a costar superar.

A dos semanas del plebiscito, ya es imposible disociar a Boric del Apruebo. No es imposible que gane el Apruebo el 4 de septiembre. Siempre puede haber milagros. Después de todo, es más fácil convencer a la gente que vote por una constitución que promete mucho para todos que advertirles a las personas que las promesas no se van a poder cumplir. Además, los enormes recursos públicos con los que cuenta el gobierno ayudarán al Apruebo a movilizar votantes el día de la elección. Pero sigue siendo cierto que mientras más asociado esté el Apruebo a la imagen del Presidente Boric, más fácil será para el Rechazo sumar votos con referencias a la inflación, a la delincuencia y al mal desempeño que ha tenido el primer presidente en Chile post 1990 que tan libremente declara su admiración por el gobierno democrático que peor desempeño tuvo en el Chile pre 1973.

´Por Patricio Navia, sociólogo, analista político y profesor de la UDP, para El Líbero

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