Cada etapa del coronavirus ha tenido su producto fetiche, promovido por ciertas recomendaciones médicas, para luego agotarse en farmacias y triplicar su precio en el mercado informal. Primero fue el alcohol gel, después las mascarillas y ahora es el oxímetro.

También conocido como saturómetro, el oxímetro de pulso es un pequeño aparato a pilas cuya función es medir el nivel de saturación de oxígeno en la sangre. Es decir, cuánto de este gas circula por nuestras venas y llega a nuestros órganos y músculos. ¿Pero por qué está desapareciendo de las tiendas y ofreciéndose tanto por internet?

En un artículo, publicado a fines de abril en The New York Times, un médico que estuvo tratando a enfermos de Covid-19 en un hospital de Manhattan, la ciudad más afectada por el virus en el mundo.

Allí observó que muchos pacientes, a pesar de no manifestar dificultades para respirar, presentaban en sus radiografías de tórax la neumonía del Covid-19, identificable también por sus niveles de oxígeno “bajo lo normal”. Y muchas veces, cuando las personas sentían la “falta de aire”, ya era muy tarde: la enfermedad había avanzado mucho y dañado severamente los pulmones.

Esto es lo que se ha denominado como “hipoxia silenciosa”, una baja oxigenación que se hace difícil de detectar. “Pero con un oxímetro de pulso”, escribió el médico en su artículo, “los estadounidenses pueden estar preparados y ser diagnosticados y tratados antes de enfermar de manera grave”. El reportaje se replicó en muchos medios por todo el mundo, se viralizó en las redes y ahora el oxímetro es el nuevo must, como dirían los gringos, para prevenir la pandemia.

¿Cómo funciona?

Desarrollado en los setentas por el japonés Takuo Aoyagi, el oxímetro de pulso actual es como un futurístico perro de ropa, que se pone en uno de los dedos —hay estudios que sugieren usar el dedo del medio— de la mano dominante (izquierda si eres zurdo, derecha si eres diestro). Como explica Jorge Jorquera, médico broncopulmonar de la Clínica Las Condes, “uno de los lados del oxímetro de pulso emite una luz infrarroja que atraviesa la yema, la que será absorbida en distintas cantidades por la hemoglobina, la molécula de proteína que transporta el oxígeno en la sangre”. Así, en pocos segundos, el aparato entregará un porcentaje que estima la saturación de oxígeno en la sangre.

“Lo normal es tener más de 95%, aunque hay pacientes crónicos que viven con un 90%”, dice Jorquera. Según este informe de la Sociedad Torácica Estadounidense, los niveles deberían estar al menos en un 89%. De cualquier manera, los oxímetros que se pueden obtener —si es que aún queda stock— en tiendas o farmacias suelen ser “bastante fiables”, según el broncopulmonar.

Un estudio publicado por la South African Medical Journal el año pasado comparó estos aparatos domésticos con monitores hospitalarios y encontró que sus resultados eran confiables en condiciones de oxigenación normales, aunque no tanto en situaciones de baja oxigenación, como la que viven los enfermos más graves de Covid-19.

/gap