“No hemos salido del peligro”. “Las consecuencias serían realmente serias”. “Sufrimiento y muerte innecesarios”. Ésas fueron algunas de las advertencias que los expertos técnicos del comité de la Casa Blanca para la lucha contra el coronavirus lanzaron este martes en su declaración por videoconferencia ante el Comité de Salud del Senado en relación a los planes de reapertura de la actividad económica del país.

Sus declaraciones llegaron apenas un día después de que el presidente de EEUU, Donald Trump, declarara que “hemos ganado” al coronavirus. Pocas horas después, los medios de comunicación de ese país informaron de que la Casa Blanca había ordenado a todas las personas que trabajan en el Ala Oeste de la Casa Blanca, en la que están las oficinas del equipo del presidente, a llevar mascarillas, después de que varios altos funcionarios -incluyendo a dos que trabajan en esa área- dieran positivo de coronavirus.

De acuerdo con los datos de la Universidad Johns Hopkins, que a menudo emplea el Gobierno de Trump como referencia más fiable, Estados Unidos lleva confirmados 81.000 fallecidos por coronavirus, la cifra más alta del mundo, aunque, en relación a su población, es una proporción inferior a la de Holanda y un 40% de la de España.

Dentro de un mes, el 13 de junio, se espera que haya 106.000 muertos (según el Laboratorio Nuclear de Los Alamos), 115.000 (según la Universidad de Columbia), 121.000 (según la Universidad del Estado de Washington, que el Gobierno de Trump usa como referencia), o 128.000 (según el Instituto Tecnológico de Massachusetts). En todo caso, el número de fallecidos en Estados Unidos es imposible de determinar con exactitud, porque cada territorio lo mide de una manera diferente. Y las divergencias son extremas. Un ejemplo: la ciudad de Nueva York computa los muertos usando un criterio muchísimo más amplio que el empleado por el estado de Nueva York, del que forma parte.

En total, 38 de los 50 estados de EEUU han iniciado el desconfinamiento, según el cálculo del diario The Washington Post, mientras la Casa Blanca presiona para que la reapertura se lleve a cabo más deprisa, aunque las encuestas revelan que los estadounidenses no están por la labor. De hecho, la mayor parte de la población inició un confinamiento voluntario antes de que los gobernadores de los estados, que son quienes tienen competencia en la materia, lo ordenaran, tal y como refleja el análisis de los datos de GPS de teléfonos celulares y automóviles realizado por la empresa de Big Data Cuebiq.

Así que las declaraciones de los expertos -varios de ellos en cuarentenas voluntarias, después de haber estado en contacto con personas que tienen coronavirus- ha añadido combustible a un debate sobre salud pública altamente politizado y que, además, corre el riesgo de desembocar en violencia. Entre ellos estaba Anthony Fauci, la cara más visible de la lucha contra la pandemia en EEUU, que advirtió del peligro de “pequeños repuntes en la pandemia que pueden convertirse en grandes brotes” si el desconfinamiento no se lleva a cabo con prudencia, y se mostró escéptico acerca de la posibilidad de que las clases empiecen en el curso académico, que en EEUU se inicia en agosto. Fauci tiene protección policial extra tras haber sido amenazado de muerte por quienes se oponen a las cuarentenas. Donald Trump ha retuiteado mensajes pidiendo su dimisión.

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