“Todo vale”, titulaba Daniel Matamala su columna del domingo pasado, advirtiendo que “en la última semana, la discusión se centró en desmentir falsedades, más que en hablar de los verdaderos problemas del trabajo constituyente”.

Pero más allá del empedrado, el hecho, como agrega Ascanio Cavallo es que la Convención “ha entrado en la lógica de todos los aparatos corporativistas, sin percibir que esa misma inclinación agrega sospechas sobre sus propósitos”.

Porque, apunta, “si la ciudadanía no está recibiendo una información adecuada acerca de las razones por las cuales se promueve unas u otras ideas”, se puede terminar instalando “la idea de ‘trampa’, que sería lo más destructivo para la Convención”, porque si ella se implanta “por la opacidad del debate o por la falta de él la legitimidad del texto pasará a ser controvertida”.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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