El día de ayer el Banco Central de Chile publicó las cifras de crecimiento económico mensual, Imacec, para el mes de marzo de este año, que alcanzó una expansión de 6,4% anual, lo que ha generado que los medios destaquen este incremento como una gran y positiva sorpresa.

Sin embargo, los datos desestacionalizados, es decir, aislando y dejando fuera los efectos propios del mes, y que por lo tanto permiten comparar manzanas con manzanas, desmienten lo anterior. En efecto, medido en términos desestacionalizados, la economía cayó un 1,6% en marzo respecto de febrero.

Lo anterior se explica por lo ocurrido en marzo del año 2020, cuando se implementaron por primera vez las cuarentenas (que en ese momento sí se cumplían), lo que hace que la base de comparación sea muy baja; y por ello, pese a que el Imacec desestacionalizado se contrajo en 1,6% en marzo respecto de febrero, cuando la comparación se hace en términos anuales, la economía se expandió 5,0% en términos desestacionalizados.

Lo llamativo de lo anterior es que en meses anteriores la economía había mostrado su capacidad de recuperación, creciendo en promedio 2,0% mensual entre junio de 2020 y febrero de 2021, y 0,8% cada mes en los últimos tres meses anteriores a marzo.

Entonces, ¿qué es lo que causó el retroceso en el crecimiento de la economía? Probablemente la variable que afectó con más fuerza el desempeño económico en marzo fueron las cuarentenas impuestas por la autoridad sanitaria ante el incremento en el número de contagios diarios. Eso llevó a que el sector más afectado durante el mes fuera el de servicios, cuyo PIB cayó 3,6% respecto de febrero, y el comercio, que disminuyó 1,3% en marzo respecto del mes anterior.

No obstante, a mi juicio, es muy difícil culpar a las cuarentenas de la caída en el PIB. Las cuarentenas no son en sí mismas un detonante, sino sólo una respuesta ante una situación sanitaria que a ratos parecía desbordarse.

¿Es entonces la pandemia, o el Covid19 el culpable de arruinar la tendencia en el crecimiento y la esperada recuperación de nuestra economía? Ciertamente, este vil virus es un culpable de la situación actual, pero difícilmente podemos establecer que las cuarentenas eran la única respuesta posible ante el incremento de los contagios, y por tanto, es necesario reconocer que no es el virus el que arruinó el crecimiento económico, sino las decisiones que nosotros, los humanos, y en específico, las autoridades, han tomado para enfrentar la situación las que han generado el daño económico y esta reversión a la recuperación sufrida en marzo y que muy probablemente se va a extender a abril.

De hecho, un análisis concienzudo de la situación me lleva a pensar que la decisión de imponer nuevas cuarentenas no fue una decisión sanitaria, sino más bien una decisión política. Y ello, porque en pleno período eleccionario, con un Ejecutivo acosado por el poder Legislativo que exigía cuarentenas inmediatas, no decretarlas podría detonar una segunda acusación constitucional.

En dicha situación, con un público guiado por los medios, farándula, noticiarios – opinólogos y matinales haciendo una llamada directa a la población a exigir cuarentenas, cualquier informe empírico o científico que las pusiera en duda como método efectivo para detener los contagios en esta etapa de la pandemia, hubiera sido desechado automáticamente, aunque los hechos, en lo posterior, han dado la razón a estos estudios Después de un tiempo las cuarentenas se vuelven inefectivas para contener la transmisión del virus, además de generar costos económicos, sociales, psicológicos y educacionales que pueden ser irreversibles.

Considerando lo anterior, ¿qué podría llevar a alguien, y en específico, que podría llevar al poder Legislativo a exigir cuarentenas? Nadie puede desconocer que la razón por la cual la población escogió como presidente de Chile al actual presidente Piñera era principalmente su expectativa de la capacidad de administración de la economía y por tanto, de la recuperación de la misma. Inhibiendo el crecimiento económico por medios como las cuarentenas, la oposición ha logrado anular el mejor o único atributo del Ejecutivo valorado por los chilenos, quitándole su poder.

Al mismo tiempo, el empobrecimiento de la población, y en especial la disminución y de libertad económica, que es la tendencia a la que han llevado todos los cambios aprobados por el poder Legislativo en el último tiempo, llevan inexorablemente a la disminución del poder político. Un pueblo sin libertad económica y sin capacidad de depender de sí mismo para sostenerse económicamente termina dependiendo de la caridad del Estado; si ello ocurre, difícilmente puede ejercer su poder político.

La pandemia fue el mejor medio encontrado por la extrema izquierda para despojarnos de la libertad económica de la que gozábamos los chilenos durante 30 años; a través de eso espera llegar al poder para quitarnos también nuestra libertad política. No fue entonces la pandemia, ni las cuarentenas las que nos están arruinando, son las decisiones de las autoridades que nos han coartado nuestro poder económico, nuestra capacidad de emprender y de trabajar, pues sin libertad económica, no es posible tener libertad política y viceversa.

Por Michèle Labbé, economista, para ellibero.cl

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