Fue un excelente piloto al que le correspondió conducir la navegación en una tormenta perfecta, la que se fue gestando por muchas décadas antes de la revolución comunista desatada el 18 de octubre con el propósito de derrocar al mando aún a costa de echar a pique el barco.
Lamentablemente la muy azarosa singladura ha estado permanentemente plagada de desaciertos, interferencias y hasta sabotajes de parte de la tripulación, de los pasajeros y de cuantos quisieran lucirse y sacar provecho con sus críticas destructivas denostando la conducción del piloto con el mismo propósito ya indicado.
Adicionalmente asesoró a un capitán carente de liderazgo que fue cediendo ante motines y presiones debido a que se concentró más en proteger su puesto y mirar su respaldo en las encuestas en vez evitar la zozobra del buque, como si en su hundimiento no sería arrastrado.
El piloto Mañalich desarrolló un gigantesco esfuerzo y con lealtad se mantuvo enfrentando el temporal de las más enconadas e insidiosas críticas de todos los aparecidos que no dejan de opinar como si fueran expertos nautas.
Ahora que el navegante se desembarcó le agradezco su gestión de fortalecimiento de los recursos de atención sanitaria. De otra manera lamentaríamos una mayor mortalidad producida fundamentalmente por la indisciplina e irresponsable conducta de los agentes del contagio viral. Estoy seguro que ningún cambio de navegante aplacará el ímpetu desestabilizador de la nave.
Y tengo el convencimiento de que un análisis exento de egoísmo reconocerá la importante contribución del PiIoto Mañalich, a quien le expreso mi respeto

Hernán Romero Mery