Es muy frecuente escuchar una mala opinión sobre los empresarios y una excelente sobre los emprendedores, como si los primeros fueran depredadores, corruptos, adversos al riesgo, rentistas, abusadores, verticales y patrones de fundo, y los segundos fueran unas blancas palomas innovadores, horizontales y buscadores del bien colectivo por sobre el personal. En una entrevista reciente en El Pulso de la Tercera, varios emprendedores denostaron al mundo empresario, al punto que uno de los fundadores de un unicornio chileno manifestaba que él jamás sería empresario. Para los emprendedores jóvenes, y para muchos políticos, los empresarios tienen más interés en hacer plata que en generar un impacto social en beneficio del país.

Creo que es importante analizar estas posturas que nos han llevado a idealizar el mundo de las pymes y del emprendedor, y denostar al mundo de las grandes empresas. En primer lugar, ¿cuál es la diferencia entre empresario y emprendedor? Este último suele ser una persona que identifica una necesidad y crea un negocio que permita convertir esa idea en realidad. No todos los emprendedores tienen que formar una empresa, porque también pueden innovar dentro de una empresa existente (en inglés se diría intrapreneurship). De hecho, todas las empresas exitosas tienen ejecutivos emprendedores; caso contrario, no estarían donde están. Evidentemente no asumen los riesgos de los que parten de cero con una empresa, porque no arriesgan capital y perciben un salario, pero como consecuencia no tienen los beneficios de los que asumen ese riesgo. En definitiva, podemos encontrar emprendedores dentro y fuera de empresas existentes, siendo la diferencia más notoria, entre ambos, el riesgo y los beneficios del emprendimiento.

En segundo lugar, ¿qué es un empresario? En principio se lo suele asociar con el propietario/administrador que está íntimamente unido al manejo de una empresa. En la práctica, el empresario no necesariamente tiene que ser dueño o socio, ni tampoco innovador y emprendedor, pero necesariamente debe saber manejar una empresa para que esta sea sustentable en el tiempo, y para ello debe preocuparse por tener una estrategia exitosa, rodearse de gente capaz y emprendedora en la cual pueda delegar responsabilidades, movilizar el capital humano en pos de obtener los resultados deseados, medir los resultados obtenidos y anticiparse a los cambios.

La experiencia demuestra que las capacidades necesarias para ser emprendedor no son las mismas de las que se requieren para ser empresario. Y también la experiencia demuestra que un emprendimiento exitoso debe convertirse en empresa si pretende sobrevivir en el tiempo. En otras palabras, un emprendedor deberá convertirse en empresario si pretende que su empresa sea sustentable en el tiempo. Por ende, decir que “jamás seré empresario” no es precisamente el mejor presagio para alguien que pretende convertir su idea en una gran empresa.

Steve Jobs, Bill Gates, Larry Page, Elon Musk, Mark Zuckerberg son excelentes ejemplos de ello, pues sus empresas nunca serían lo que son si sus fundadores no se hubiesen convertido en empresarios. Por el contrario, los fundadores de Uber y WeWork son excelentes ejemplos de emprendedores que no fueron capaces de convertirse en empresarios. En definitiva, denostar a unos y ensalzar a otros, es una tontera del porte de un buque. Ambos son necesarios si queremos que las buenas ideas se concreten en el tiempo.

Otra tontera es asociar al empresario con los rentistas y adversos al riesgo. En Chile tenemos 1 millón de empresas, de las cuales un 75% son microempresas o empresas sin empleados. Las 250 mil empresas restantes emplean a 10 personas o más, y de este conjunto unas 44 mil emplean 50 empleados o más. Dentro de ese universo debieran haber empresas estancadas y poco innovadoras, pero argumentar que gran parte de esos empresarios son rentistas y adversos al riesgo, es sencillamente una miopía descomunal. Si lo fueran, no lograrían subsistir en un mercado tan competitivo como el chileno, enfrentado a todo el mundo con arancel cero de importación. Argumentar que empresas connotadas como Copec, CMPC, Arauco, Falabella, salmoneras, fruteras, retailers, proveedores de la minería, etc. son rentistas y adversas al riesgo es lo mismo que creer que la tierra es plana. Evidentemente muchas de ellas no están en lo que se llama la nueva economía, pero ello no implica que estén durmiendo. De hecho, la gran mayoría de ellas están innovando en todos los frentes, caso contrario, no lograrán sobrevivir.

Y si las grandes empresas no se destacan por innovar en “la nueva economía”, ello ocurre porque vienen de la vieja economía, y muchas veces su tamaño y su modelo de negocio dificultan o impiden cambios revolucionarios. Por ejemplo, Barnes & Nobles era una gran cadena de librerías y no pudo reaccionar a tiempo frente a Amazon, lo cual era bastante comprensible, porque todos los factores clave de su éxito (grandes locales muy bien ubicados, gran inventario, know-how de compras y negociación con proveedores) tenían cero valor en el modelo de negocios de Amazon. ¿Acaso Leonard Riggio, su dueño, tenía miedo de innovar? No. Él vio la necesidad del cambio, pero era como mover un gran transatlántico en un océano resistente al cambio. Son pocas las empresas que logran reinventarse, pero ello no ocurre por falta de innovación, por ser amante del status quo y por tener alma de rentista, sino porque la mayoría de las veces es una tarea hercúlea que pocos logran llevar a cabo.

Asociar a los empresarios a la corrupción y financiamiento ilegal de la política es otro gran error. Los casos conocidos de colusión en Chile suman menos de 10, y si sumamos los desconocidos y los casos de abuso, probablemente lleguemos a 50. Pero ahí afuera, en el mercado, tenemos otros 250 mil empresarios, de los cuales 15.000 facturan más de 50 millones de dólares al año cada uno, y que día a día compiten sin malas prácticas, preocupándose diariamente por satisfacer lo mejor posible a los distintos stakeholders de sus empresas. Caso contrario no sobrevivirían.

Otra falacia es asociar a los empresarios con RicoMcPato, bañándose en el dinero, y alejado de las necesidades sociales. Sin lugar a dudas unos pocos juntan la plata con carretilla, pero el 99,9% tiene que luchar todos los días para llegar a fin de mes.

Y si se trata de patrones de fundo, sin lugar a dudas hay muchos, pero no solo dentro del mundo de los empresarios, sino también en el universo de los emprendedores. Es bien sabido el trato que Gates, Jobs, Musk, Neuman (WeWork) y Kalanik (Uber) tienen o tenían con sus colaboradores, y no era precisamente horizontal de “ohm ohm”. Lo cual es bastante entendible, porque los grandes emprendedores no son precisamente personas fáciles de llevar. Suelen ser luchadores, tozudos y ambiciosos (no necesariamente por plata, sino por logro), y de ahí a ser patrones de fundo y querer llevarse al mundo por delante, no hay mucha distancia.

Analicemos esa otra idea, esto es, que para los empresarios es “más importante hacer plata que tener sentido social”, mientras que a los emprendedores los “mueve el bien colectivo por sobre el individual”. En primer lugar, hay mucho de marketing en ese argumento. Pocos emprendedores reconocerán que hacen lo que hacen porque quieren sobresalir, o por ego, o por ambición personal. Digamos que ninguno de los “que llegaron” viven precisamente como monjes budistas. Es mucho más elegante, y marketero, decir que los mueve el bien social y la posibilidad de cambiar el mundo, de la misma manera que Mercedes va a decir que sus clientes compran los autos por la tecnología, seguridad, precio de reventa y calidad de servicio, cuando saben perfectamente que la razón de compra es el status que da la estrellita. Además es fácil pregonar bien social y objetivos altruistas, cuando los que financian las pérdidas de esos emprendimientos, por muchos años, son precisamente inversionistas financieros ávidos de hacer una buena pasada. Difícil creer que esos “salvadores del mundo, que sólo buscan el beneficio social” sean incapaces de ver la ambición RicoMcPato de quienes los financian.

De manera que dejemos de pensar en que los empresarios solo buscan llenarse los bolsillos, mientras que los emprendedores solo pretender salvar al mundo. Ni lo uno ni lo otro.

Dicho todo lo anterior, es cierto que hay empresarios que solo buscan el lucro, otros que han heredado su negocio, y otros que se han convertido en rentistas. Pero, nuevamente, colocar a todos los empresarios en esa categoría es un error imperdonable. Porque lo que resulta de ese error es precisamente lo que estamos viviendo en la actualidad: una demonización de los empresarios, y un endiosamiento de las pymes y emprendedores,  cuando la historia nos muestra, claramente, que no existen sociedades exitosas sin empresas exitosas, sean estas pequeñas o grandes, manejadas por empresarios o por emprendedores.

En pocas palabras, dejemos de hablar pavadas y de creernos el cuento marketero de que los emprendedores son los únicos que anteponen a la sociedad frente a sus propios intereses. Si así fuera, no existirían los empresarios. Y, sin estos, no existen los emprendimientos sostenibles.

Escrito por Gabriel Berczely, Empresario y académico. Presidente de Horizontal, para El Líbero

/gap