El Banco Central publicó este jueves la minuta de su más reciente Reunión de Política Monetaria (RPM), llevada a cabo el pasado 13 de julio, cuando decidió aplicar un alza de 75 puntos base a la tasa de interés y fijarla en 9,75%, en medio de la lucha que lidera el instituto emisor en contra de la fuerte inflación que golpea a Chile.

Se trató un ajuste que se ubicó en la parte alta de las expectativas del mercado e, incluso, el Consejo de la entidad presidida por Rosanna Costa evaluó subirla aún más, en 100 puntos base y dejarla en 10%.

De hecho, se estudiaron tres opciones: subirla en 50 puntos, en 75 puntos o en 100 puntos base, siendo las dos últimas las que corrían con mayor ventaja.

“Todos los consejeros estuvieron de acuerdo en que las opciones de 75 y 100 pb tenían la virtud de acercar la TPM (Tasa de Política Monetaria) a un nivel que lucía más congruente con la política monetaria necesaria para lograr la convergencia de la inflación a la meta en dos años”, indicó la minuta.

En esa línea, añadió que “a juicio del Consejo, optar por una u otra debía considerar aspectos contrapuestos, como los riesgos asociados a las mayores presiones inflacionarias o las fuerzas contractivas de mediano plazo. Hubo consenso en que más allá de esta evaluación, era bastante probable que el proceso de aumento de la TPM debería continuar y que un alza de 75pb dejaba más espacio para la evaluación que se realizaría en el IPoM de septiembre”.

¿Y los 50 puntos? “No parecía coherente con el encuadre macro actual”, acotó, agregando que “varios Consejeros añadieron que un alza de esta magnitud se encontraba por debajo de lo esperado en los precios de mercado, lo que podría aumentar la volatilidad cambiaria y, eventualmente, causar problemas en otros segmentos del mercado financiero”.

Con todo, los consejeros coincidieron en que se requería “un mayor nivel de tasa nominal en el horizonte en el cual las expectativas de inflación habían subido. Por otra parte, se estimaba que el deterioro de las condiciones financieras y la mayor incertidumbre del escenario macro tendrían un efecto negativo en la demanda a partir de los próximos trimestres”.

La minuta, además, subrayó la “rapidez y magnitud” del deterioro del escenario económico internacional, junto con destacar la caída en el precio de los commodities, “que no solo afectaba a aquellos más sensibles al ciclo económico, como el cobre, sino que también a los alimentos y la energía, cuyas fuerzas de oferta habían sido determinantes en los últimos meses”.

“Se añadían las menores perspectivas de crecimiento mundial y el estrechamiento de las condiciones financieras. Todos estos movimientos parecían ligarse al ciclo inflacionario de EE.UU. y la reacción que debería tener la Reserva Federal, aunque no podían descartarse otros fenómenos negativos vinculados a la dinámica de la guerra y la incertidumbre sobre su impacto en Europa, que llevaran también a acentuar los riesgos hacia la baja en nuestro escenario internacional”, expuso el Central.

Asimismo, se argumentó que “desgraciadamente, la economía chilena no se encontraba en una situación normal; muy por el contrario, seguía mostrando desajustes importantes: la brecha de actividad continuaba siendo elevada, la inflación estaba en niveles no vistos hace muchas décadas, y el déficit en cuenta corriente también mostraba valores muy significativos”.

“Se agregó que, más allá de la activa respuesta que el Banco había tenido frente al fuerte brote inflacionario, era evidente que la inflación seguía alta y que sus drivers locales, en particular el consumo, no mostraban todavía signos claros de normalización, más allá de que la inversión mostraba una clara debilidad. Aún más, las expectativas de inflación a distintos plazos también se ubicaban marcadamente por encima de la meta de inflación, dando cuenta de una visión de mayor persistencia inflacionaria”, subrayó.

El Consejo también discutió sobre el desarrollo que se estaba observando sobre el mercado cambiario, “concordando en que se debía realizar una evaluación continua de la situación, pues se estaban observando cambios con una inusual rapidez”.

“El Banco no tenía ninguna limitante para actuar en el mercado cambiario, pero que cualquier acción en esa materia debía ser analizada en su mérito, refiriéndose al funcionamiento de dicho mercado y sus eventuales repercusiones en otros segmentos del mercado financiero”, expuso.

Coherente con eso, la entidad concluyó: “Hubo acuerdo en que, si bien existen vasos comunicantes, la decisión de política monetaria no tiene relación con un nivel determinado del tipo de cambio, sino que con la evaluación de las implicancias inflacionarias de los movimientos de la paridad”.

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