En la lista de puntos en común que se difundió tras la reunión de los partidos políticos por el nuevo proceso constituyente del lunes no apareció la idea de un plebiscito de entrada, pero tampoco está descartado.

De hecho, hay algunos actores políticos -una minoría- que proponen una elección inicial de esa índole con el fin de resolver si la ciudadanía quiere un nuevo proceso o incluso una nueva Convención. Es el caso del Partido de la Gente, una parte de la UDI y el senador Rojo Edwards, del Partido Republicano.

“El proceso terminó el 4 de septiembre, debe haber un plebiscito de entrada con voto obligatorio donde toda la gente pueda entregar su voto y decir qué quieren el día de hoy. Hablan mucho de la votación de octubre 2020, pero lo más importante es respaldar la votación de una semana atrás, donde más de 13 millones de personas manifestaron su voluntad”, dijo el diputado Victor Pino, del PDG, este lunes.

El alcalde de La Florida, Rodolfo Carter (Ind. ex UDI), se expresó en la misma línea en sus redes sociales; el senador UDI Iván Moreira aseguró que pedirá un plebiscito de entrada en Radio Universo; y esta semana también se manifestó el senador republicano Rojo Edwards, que remarcó que su partido ha definido que no quiere una Convención y que, de haber una, su propuesta es que haya un plebiscito de entrada.

El argumento detrás de esas declaraciones es que no sería claro que la ciudadanía quiera un nuevo órgano constituyente como fue la Convención, a pesar de que el plebiscito de octubre 2020 haya señalado aquello. En este escenario, con un 62% de votos por el Rechazo y una participación de 85% del padrón, el mensaje que envió el electorado podría ser distinto, plantean estos personeros.

Pero aquello se contrapone con lo que han defendido desde el oficialismo y lo que ha dicho el mismo Presidente Gabriel Boric, que aseveró en agosto en Chilevisión que “el pueblo de Chile ya tomó una decisión al respecto (…) repetir el plebiscito sería redundante”.

No obstante, desde el oficialismo aseguran que hacer esa definición sería un “amarre” para las conversaciones que vienen, porque aunque es poco probable, se vislumbra como una alternativa plebiscitar algún punto sobre el diseño del proceso en el que no haya acuerdo entre las colectividades.

“Yo no descarto ninguna posibilidad. Si hay acuerdos transversales, lo más amplio posible con respecto al órgano y sus reglas, probablemente podamos ir directamente a un órgano electo acompañado de expertos o la figura que más se parezca, pero si no hay un acuerdo y hay diferencias, parece razonable que en ese caso tengamos que volver a preguntarle a la ciudadanía”, dijo el fin de semana el presidente de la Cámara de Diputados, Raúl Soto, en CNN.

La mirada de los académicos

Pero además de la “redundancia” que argumentan en el oficialismo, las razones para evitar ese mecanismo son otras: también está la seguidilla de elecciones acontecidas desde el inicio del proceso constituyente, lo que derivaría en un “cansancio” electoral; y la dilatación del comienzo de un nuevo camino.

“Nadie lo quiere. Puede haber presión por los lados, pero el gobierno no lo quiere, la derecha tampoco. Hay hastío electoral también, porque esto no sería un plebiscito sino una consulta, una papeleta con varias opciones. Esto le introduce más complejidad, por lo que no creo que haya plebiscito de entrada aunque sí reconozco que es un problema, y que sería mejor, en abstracto, que lo hubiera. No dan los plazos, no dan los tiempos. La gente va a estar cansada de ir a votar”, aseguró el investigador del IES y académico de la U. Andes, Daniel Mansuy, en EmolTV.

Además del “desgaste”, la cientista política e integrante de la Red de Politólogas, Javiera Arce, agrega un factor adicional para el oficialismo: que una elección inmediata podría perjudicar a ese sector. “Creo que hay que dejar pasar el tiempo si es que se van a hacer elecciones, porque es probable que a la derecha le vaya bien. Pero esto tiene que ver con el desgaste, un plebiscito de entrada sería desgastar aún más a la gente. Si ya dijeron que querían una nueva Constitución hace dos años, ¿para qué queremos reafirmarlo?”, plantea a este medio.

La discusión sobre un plebiscito de entrada ya había complicado a los partidos en el Acuerdo del 15N, porque si bien la derecha aceptó firmar esa condición, la lectura que se hizo posteriormente fue que ese 78-28 propinó un golpe duro al sector, cuyas consecuencias duraron hasta la elección de convencionales incluso. Ahora, algunos personeros opositores plantean que ese ímpetu que lograron a partir del triunfo del Rechazo podría perderse en otro plebiscito de entrada.

En ese marco, Arce asegura que un nuevo plebiscito no le convendría “a nadie” tampoco, solo tal vez a los sectores políticos que no quieren una nueva Constitución, como el Partido Republicano.

“Si gana el Apruebo de nuevo pero por un 50% y no un 80%, es una derrota, de nuevo, para todos. Al Partido Republicano, al PDG, a ellos les podría convenir un plebiscito de entrada, si el gobierno quedó súper debilitado después del que acaba de ocurrir. Les conviene porque no quieren cambiar la Constitución”, aseveró la politóloga.

Mansuy, además, agregó un factor adicional: el seguir dilatando el cierre de un proceso constituyente podría derivar en un caldo de cultivo para el populismo producto de la interpretación ciudadana de que las urgencias sociales no son la prioridad.

“Una de las cosas que se graficó con el triunfo tan contundente del Rechazo es un hastío por la discusiones políticas, con la clase política, y también un anhelo, clave en sectores populares, por atender las urgencias sociales: seguridad y economía. Esto no puede ser una excusa para no hacer un proceso constituyente, pero hay que caminar y mascar chicle a la vez, porque si la ciudadanía siente que toda la clase política estará concentrada dos años más en problemas constitucionales y las urgencias sociales no reciben la prioridad, eso es alimento para brotes populistas”, sumó el académico.

/psg