Angela Merkel deja una huella profunda, no solo en la política a nivel global y en una Europa que ha luchado, como nunca en estos años, por permanecer unida, sino también por su estilo directo y austero, y su forma sin pretensiones de mostrarse humana.

Mucho más que la primera mujer jefa de un gobierno en Alemania -lo que ya es muchísimo, sin duda-, Merkel ha sido la líder de Europa y una de las voces más potentes del mundo, en una década y media extraordinariamente cambiante y conflictiva. Ha enfrentado, entre otros, una de las mayores crisis económicas a principios de la década; la amenaza terrorista permanente; una ola migratoria que alcanzó niveles dramáticos; el Brexit de Reino Unido; y una pandemia que estuvo a minutos de paralizar el mundo.

Es cierto que la pasión no es lo suyo, ni los exabruptos en redes sociales. Sus críticos remarcan su excesivo pragmatismo; su resistencia a enfrentar conflictos con demostraciones de fuerza; y sus discursos algo aburridos. Y esas han sido precisamente sus ventajas: orientada a los objetivos y no al culto personal, y al mando de una comunidad tan heterogénea como la europea, es probable que sus resultados serían otros, si se hubiera enfundado los trajes del autoritarismo de Putin, la disrupción de Trump o el insistente glamour de Obama. Angela Merkel optó por ser más conductora que protagonista, por la paciencia más que la imposición; y por mensajes claros, que no dejan lugar a interpretaciones.

Acá ocho definiciones que a mi juicio retratan su sello y legado.

Sobre las libertades, la democracia y la unidad, en la voz de una sobreviviente de la RDA:

“Somos una democracia. No vivimos de imposiciones, sino de conocimientos compartidos y participación. Esta es una tarea histórica y solo podemos superarla unidos”.

“Para mí, que viví 35 años de mi vida en un sistema de falta de libertad (RDA), la restricción de estos derechos en la pandemia fue una decisión que me resultó infinitamente difícil”.

Sobre la igualdad de género, desde lo esencial y sin más demostraciones que su experiencia y sentido común. Y muy por encima de los feminismos radicales, que la han criticado durante estos años por sus definiciones desideologizadas:

“Todos nuestros esfuerzos están destinados nada más, pero también nada menos, hacia la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres”.

“Es inaceptable que las mujeres jueguen un papel decisivo en el apoyo a nuestra sociedad, pero al mismo tiempo no participen por igual en decisiones importantes en la política, la economía y la sociedad”.

Respecto de la libertad económica, poniendo sobre la mesa, sin rodeos, las reglas ineludibles para el intercambio comercial con Europa:

“El libre acceso al mercado único se concederá a un país que acepte las cuatro libertades fundamentales de circulación de personas, bienes, servicios y capitales.”

Sobre su liderazgo, respondiendo con inteligencia a las críticas por su pragmatismo:

“Para mí, siempre es importante analizar todas las opciones posibles para tomar una decisión.”

Frente al terrorismo, apuntando directamente al objetivo de infundir miedo y afectar la vida normal de una sociedad:

“Seguiremos viviendo y trabajando y por eso, le podemos decir a los terroristas: ustedes son asesinos cargados de odio, pero ustedes no serán capaces de decirnos como debemos seguir viviendo”.

Respecto del Brexit de Reino Unido y antes de que contagiara al resto de Europa, recordándoles a sus socios, las desventajas de no pertenecer a la UE:

“Un país tercero no puede gozar de los mismos derechos o ventajas que un Estado miembro. Al parecer hay algunas ilusiones en el Reino Unido pero esto sería una pérdida de tiempo”.

¡La vamos a extrañar! Hasta siempre Angela Merkel: que su voz, sin pretensiones, sin dogmatismos, firme y sencilla, retumbe por muchos años en el mundo.

/escrito por Isabel Plá para El Líbero

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