La propuesta constituyente señala que nuestro país declara a América Latina y el Caribe como zona prioritaria en sus relaciones internacionales, lo cual ha generado gran polémica tanto por las implicancias económicas como políticas.

Este debate, sobre todo en el ámbito económico, es sustancialmente relevante ya que Chile es una economía pequeña, con pocos habitantes y en donde el ingreso per cápita es de un nivel medio, por lo cual si nos vendemos cosas entre nosotros no es mucho lo que podemos lograr. Para una economía como la chilena, es necesario salir a buscar todos los mercados y ser socios del planeta completo, no solo potenciando el comercio exterior, sino también la atracción de inversiones extranjeras.

De esta manera, al iniciarse décadas atrás las asociaciones de libre comercio, nuestro país aprovechó cada una de las oportunidades que surgieron, en donde la coordinación público-privada fue sustancialmente eficiente, sobre todo en acuerdos tan relevantes como el firmado con Estados Unidos y la Unión Europea. Esto permite que en la actualidad Chile tenga 31 acuerdos de libre comercio, firmados con 65 economías que representan el 88% del PIB mundial. Al mismo tiempo, esta integración comercial abrió nuestras fronteras y en la actualidad el arancel promedio ponderado es de menos de 1%, lo cual le permite a los chilenos acceder a productos a precios sustancialmente más bajos que los observados en otros países de la región.

Dada esta realidad, cabe preguntarnos si estos resultados se hubiesen obtenido de haber estado vigente la propuesta constituyente hace décadas, en donde se asigna la prioridad de negociación a América Latina y por supuesto surge la duda de si, en ese contexto, Chile habría sido un socio pleno de Mercosur o un país asociado, como lo fue finalmente.

De haber ingresado como socio pleno de Mercosur no podríamos haber negociado otros acuerdos, tal como es la dificultad que tiene Uruguay en la actualidad, y si bien Brasil y Paraguay han manifestado su apoyo al deseo de Uruguay de avanzar en un acuerdo con China, Argentina se  niega terminantemente. Se requiere la unanimidad de todos los socios de Mercosur. De hecho, en 2003 nuestras exportaciones a Mercosur eran de US$1.362 millones, equivalentes al 6% del total exportado por Chile que era de US$21,7 miles de millones. En 2011, dicho porcentaje subió a 8%, pero en 2021 ha vuelto a representar solo un 6%, mientras que nuestras exportaciones totales ya superan los US$100 mil millones.

Las dificultades que está teniendo Uruguay en la actualidad, nos muestran las consecuencias que habría tenido para Chile haberse incorporado como socio pleno de Mercosur, que habría sido la decisión si la propuesta constituyente hubiese estado vigente en ese momento. No tendríamos acuerdos como los que tenemos con Estados Unidos, Unión Europea, ni China y estaríamos atados a una unión aduanera como es Mercosur, la cual no ha sido un ejemplo de promoción del libre comercio.

De esta manera, la propuesta constituyente sobre la priorización de relaciones con América Latina es un error, ya que Chile es actualmente un socio para todo el planeta y debemos seguir aprovechando todas las oportunidades que el libre comercio nos ofrece.

Escrito por Tomás Flores, Economista Senior de Libertad y Desarrollo para El Líbero

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