La mañana del martes 18 de octubre de 2022 fue la de un día de trabajo normal, pero había en el aire una tensión que dejaba sentir su peso. El presidente Boric pronunció un discurso en que volvió a hablar de la “conmemoración” del 18 de octubre de 2019, como si hubiese algo que celebrar. La alcaldesa de Santiago también llamó a conmemorar, aunque pidió que se hiciera sin violencia. La brutal desconexión del Frente Amplio con la realidad se revelaba en estas intervenciones, mientras el Partido Comunista, advirtiendo una “desmovilización por acción de la derecha”, anunciaba un Plan Nacional de Masas y pedía que se rindiera “un justo homenaje a los miles de chilenos y chilenas que se movilizaron desde el 18 de octubre del 2019 en adelante”. Nada dijeron, en cambio, de los incendios y destrozos a 118 estaciones del Metro que dañaron la calidad de vida de los santiaguinos más modestos, ni de las 117.000 pymes que fueron vandalizadas en todo Chile, ni de los saqueos, barricadas y barbarie que se desataron en esa infausta fecha.

En su intervención, Boric acusó violaciones a los derechos humanos, incluyendo abusos sexuales de la policía a manifestantes, agraviando calumniosamente a Carabineros, que debía controlar el orden público durante esa jornada, mientras unas frases más adelante les expresaba su apoyo para tal tarea. Según ha informado el Ministerio Público, hasta la fecha NO se ha formalizado investigación contra algún funcionario de Carabineros por delitos de violación. En lo que Eduardo Sepúlveda, director de este medio, calificó como un “discurso inútil”, Boric por otra parte retrocedió en las posiciones del Frente Amplio y el Partido Comunista al reconocer que las reformas que se quieren impulsar desde el gobierno no siempre coinciden con lo que quiere la gente, lo que, aunque no se traduzca en algo concreto como es probable, resulta irritante para el PC y el Frente Amplio. Boric al final quedó mal con todos.

Pero lo más frustrante para Boric, Hassler y quienes llamaban a conmemorar esta fecha es que prácticamente nadie salió a las calles a hacerlo. Camila Miranda, presidenta de Nodo 21, había asegurado que octubre estaba presente más que nunca. Giorgio Jackson, ante el escándalo de los variados insultos a Carabineros de miembros del gabinete el año 2019 y siguientes, afirmó que “no vamos a renegar del pasado”. Los ministros Grau y Orellana se reunieron con el Director General de Carabineros, en lo que intentó ser un gesto amable con él, aunque sin entender cabalmente que la gravedad de sus expresiones no es sólo una afrenta personal, que lo fue, sino un acto antidemocrático de un político frente a una institución del Estado. En definitiva, hasta la víspera del martes pasado, el espíritu octubrista estaba plenamente presente en las mentes de los políticos de gobierno.

Pero el silencio de las calles desiertas de Santiago, interrumpido muy esporádicamente por el aullido de una sirena; los cincuenta violentistas que intentaban desórdenes en la Plaza Baquedano y eran enfrentados por un carro lanza aguas; el posterior retiro de la fuerza policial de ese lugar, fueron configurando un cuadro desolador para la “conmemoración” del 18 de octubre.

Tuvo que ser el subsecretario Monsalve, habitualmente preciso y sobrio en sus comunicaciones, quien debió oficiar la ceremonia fúnebre del octubrismo. En su informe de las 21:00 horas constató el fallecimiento, al anunciar que había 50 detenidos en todo el país, 18 focos de violencia, 13 policías con lesiones leves y 15 civiles heridos, la mayoría de ellos por la bomba de ruido de un manifestante. Algunas farmacias fueron vandalizadas y más tarde se produjeron barricadas y saqueos, que afectaron principalmente a la comuna de Puente Alto.

Pero lo cierto es que el octubrismo murió. Quedó mortalmente herido el 4 de septiembre con la catastrófica derrota electoral de ese día y falleció el martes pasado. Lo peor para el presidente Boric y sus amigos en La Moneda es que murió de vergüenza.

Por Luis Larraín, economista, para El Líbero

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