Ganó rotundamente la opción Rechazo al texto de Carta Magna propuesto por la Convención Constitucional (CC). De inmediato el gobierno, dirigencias de Apruebo Dignidad, de la ex Concertación y centroderecha se apresuraron a manifestar la necesidad de organizar una nueva convención constitucional; hoy hablan de un órgano distinto. Afirman, sin titubear, que el país lo requiere y que la ciudadanía lo quiere. ¿Es realmente así? Puede ser que no.

Las lecturas precipitadas, y favorables a sus causas, del resultado del plebiscito que han hecho los actores aludidos merecen ser sometidas a duda razonable. Primero, porque los votos del domingo 4/9 distan mucho de ser consecuencia de simpatías por las tiendas políticas, menos todavía por el gobierno (gran derrotado en la contienda). Están lejos de las de izquierda puesto que éstas apoyaron de forma abierta la opción que fue ampliamente perdedora. También de las de centroderecha ya que se auto ocultaron, precisamente para no dañar las posibilidades de triunfo que tenía la alternativa finalmente ganadora. En segundo término, porque los electores no solo rechazaron una redacción, sino que también el proceso, a sus actores y promotores. En tercer lugar, porque los sufragios expresaron un no sonoro a la vía refundacional, revolucionaria y violenta que ha impulsado la izquierda radical.

Todas las señales muestran que la población abomina de la clase política. La misma que, tras promesas reiteradas, ha sido incapaz de solucionar las urgencias sociales. Y, que el 15/11 (de 2019), ante la organizada revuelta terrorista-delincuencial que asolaba el territorio, catapultó al país a una aventura constitucional innecesaria e instigada por el PC y el FA. Que venga ahora a ungirse en intérprete de la voluntad de la “gente” para sostener la imperiosa obligación de dar cauce a otra CC o equivalente, evidencia desconexión profunda con la realidad.

La enorme participación electoral y el contundente resultado dan a entender que la ciudadanía aspira a cambios, pero graduales y pacíficos. Desea transformaciones político-económicas que permitan gozar de mayor seguridad y bienestar, junto con modificaciones constitucionales que confieran legitimidad y faciliten la consecución de tales propósitos. ¿Hace falta para estos fines otra convención?, y ¿partir desde una hoja en blanco o desde el texto desestimado? ¿Es esto lo que verdaderamente movilizó a las urnas a más de 13 millones de individuos? ¿Han solicitado realmente estos últimos entrar en un trámite constituyente similar al vivido, con todas sus incertidumbres, costos y paralización de la actividad económica anexa? Es para nada obvio. Pregunten el parecer popular. Tal vez, la “mayoría silenciosa” vuelva a sorprender a los “exégetas iluminados”.

Es de esperar que prime la sensatez y rija la institucionalidad vigente. El Congreso Nacional es el lugar establecido para efectuar reformas a la Constitución. Esa es la línea de largada.

Escrito para La Tercera por Álvaro Pezoa, ingeniero Comercial y doctor en Filosofía

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