A dos días de la elección a la presidencia de la FEUC, una estudiante de Derecho acusó al candidato del Movimiento Gremial de violación. Como, pese a ello, pasó a segunda vuelta, las postulantes de izquierda se negaron a un debate con un “abusador”. La Policía de Investigaciones descubrió 6 meses después que había sido una acusación falsa, pero finalmente se impuso en la elección la representante del NAU (como opera el Frente Amplio en la PUC).

La respuesta feminista es muy fuerte frente al abuso, donde normalmente se recuerda que esta práctica es milenaria y que todo se concierta para darle impunidad al victimario. Las mujeres, con justa razón, están en guardia frente a cualquier hombre que se pase de la raya y por eso se fueron como animal de presa contra el candidato José Antonio Kast, enrostrándole que había sido electo diputado por su partido Republicano un hombre que ironizaba sobre el derecho a voto de las mujeres y había formulado en redes sociales otros comentarios misóginos.

Por eso fue tan raro el silencio en todo el episodio sobre la denuncia de acoso contra Gabriel Boric. Salió espontáneamente en julio, de una cuenta de Instagram de una mujer que se declara “feminista socialista” y “a favor del aborto” en su perfil. En esa oportunidad usó duros términos, describiéndolo como “un cerdo que me acosaba” y le formulaba otras acusaciones. En el lapso hasta ahora fueron saliendo a borbotones otros detalles, como que lo había denunciado dos veces en las instancias partidarias de Boric sin resultados, que estaba abierta a una reparación y que no quería que usaran su nombre en redes sociales porque la “revictimizaban”. En una oportunidad, quejándose que hubieran hecho público algo que ella había posteado en su cuenta privada de Instagram, señaló: “Nadie tiene derecho a divulgar historias de violencia de otras mujeres sin su permiso. Hacerlo fue un nuevo acto de violencia”, usando dos veces este término en el par de frases.

La postura del aspirante a la Presidencial del país, cuando le llegaban a tratar el tema en los medios, fue siempre la misma: que él estaba disponible a una investigación en cualquier instancia, judicial o “a través de los protocolos establecidos por nuestras compañeras feministas”, negando cualquier acción que no hubiera sido una malinterpretación de un comentario o una actitud suya machista.

Aunque la acusación era añeja (aludía a Boric como presidente de la FECH en 2012), no había tenido efectos a pesar de la denuncia en las instancias partidarias que dijo haber reiterado la víctima y cuya veracidad ratificaron varios parlamentarios. Es el caso de la comunista Camila Vallejo, y de los diputados del Frente Amplio Gonzalo Winter y Emilia Schneider, quien habló como su “amiga”.

Boric reitera en los debates que cuando se equivoca, pide perdón, lo cual hace a menudo por hechos como cuando se exhibió sonriendo con una polera con el rostro del senador Jaime Guzmán asesinado. Estaba dentro de lo esperable que su adversario político le preguntara si le había pedido perdón, entonces, a la mujer que lo denunció, porque el candidato nunca negó que existiera esa denuncia, pero tampoco la reconoció. Pero lo que sucedió a continuación fue una muestra más que los estándares morales son diferentes cuando se trata de alguien de izquierda que si es de derecha. La misma izquierda y el feminismo ultra que estuvo silente frente a los cargos de una mujer socialista contra Boric, se lanzó en picada contra “la campaña sucia de mentiras y engaños” de la ultra derecha, como la tildó Boric. 

Es muy posible que el candidato del PC y del Frente Amplio, que se define “feminista” y así caracteriza también su campaña presidencial, se hubiera incluso negado a debatir con un acosador, si la acusación hubiera sido formulada a su contrincante. Que Kast le preguntara si le había perdido perdón a su denunciante era lo menos que podía esperar, pero no supo qué responder, porque hacerlo significaba reconocer los hechos y tampoco podía negarlos.

El mejor reconocimiento a que los hechos eran reales y que los medios de comunicación y su adversario tenían derecho a interrogar sobre ellos a un aspirante a dirigir Chile es que la propia víctima, en la declaración pública del domingo, señala que “él me pidió disculpas por las actitudes machistas que tuvo hacia mí”. Es cierto que ya no habla de acoso, pero más adelante agradece al pacto electoral de Boric (Apruebo DIgnidad) por comunicarse con ella para “lograr la reparación”, lo cual supone que es algo un poco más grave que una “actitud machista”. Lo mismo hace pensar que ella admita en la divulgación del domingo último que Boric “es capaz de poner el bien común como prioridad, reconocer sus errores y hacerse cargo”.

La idea de la mujer y del candidato era cerrar el tema en vísperas del último debate del lunes. Puede ser entendible que ella incluso culpara de todo a Kast por el “aprovechamiento” de su historia. Pero, ¿había razones para preguntar? La declaración de ella es la mejor respuesta. Parece que era una obligación hacerlo, porque la denunciante generó hechos que exigen un escrutinio público que escapa de su control y su voluntad.

Escrito por PIlar Molina para El Líbero

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