Zeid Siyadeh, un comerciante consultado, explica a la Voz de América que la situación complica “bastante” las transacciones en su local.

“Perdemos bastantes ventas gracias a eso (…) el sencillo también es un problema ya que casi nadie tiene y todo el mundo recibe sus pagos en billetes grandes”, explica.

Siyadeh comenta que tuvieron que colocar productos con precios en montos exactos de baja denominación y, en el caso de que no tener para poder hacer el cambio, o vuelto, ofrecerle al cliente completar con otros productos.

“Es básicamente obligar al cliente a comprar algo, para no perder la venta, y a su vez, para que el cliente se vaya satisfecho con su compra”, apunta.

Saliendo de una farmacia, Betzabé Álvarez comenta a la Voz de América que, aunque tenía una compra de 15 dólares, tuvo que gastar su billete de 20 dólares porque el establecimiento no tenía para darle el cambio.

“Me parece injusto porque yo voy a comprar lo que necesito, lo justo, lo necesario. Tengo una medida y así tiene que ser”, afirma Álvarez, agregando que es una situación “que vivo a diario”.

Por su parte, Richard Salazar, otro consultado, explica que la situación es un “caos” y que en ocasiones no ha podido llevarse la compra, por no haber cambio.

“Uno va comprar, por lo menos, comida, no hay vuelto, y si hay vuelto, tienes que gastar. Si tienes un billete de 20 [dólares] tienes que gastar 15 para poder comprar, y si no, no puedes comprar nada”, agrega.

Venezuela ya tiene tiempo en un proceso de dolarización. Su moneda oficial, el bolívar, lleva más de tres años en hiperinflación, e incluso el gobierno del presidente Nicolás Maduro ha reconocido que el fenómeno de la dolarización ha significado una “válvula de escape” para la economía.

Luis Arturo Bárcenas, economista jefe de Ecoanalítica, explica a la VOA que según estudios realizados por la firma el año pasado, en términos generales, dos de cada tres transacciones se vienen realizando en divisas en el país.

En las mediciones de principio de 2020, un 70 % de estas transacciones eran en efectivo. En un segundo estudio, en medio de la pandemia, esta cifra cae hasta un 55 % aproximadamente, comenta.

Ante esta realidad, los comercios han buscado soluciones para poder dar respuesta a sus clientes. Como en el caso de Siyadeh, algunos optan por comprar y ofrecer más productos hasta completar el monto. Otra opción es recibir el vuelto en bolívares, de manera electrónica, aunque se haya pagado con divisas.

Sin embargo, otros comercios más grandes, como supermercados y tiendas por departamento específicamente, han implementado vales digitales o físicos para poder darle el cambio debido al consumidor.

Estas iniciativas se vieron cortadas en seco la semana pasada, cuando el gobierno fiscalizó estos sitios y prohibió entregar cambio de esta manera.

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Solución “micro” e “imperfecta”

Para el economista Bárcenas, en cualquier caso, esta solución que consiguieron momentáneamente los comercios de consumo masivo no era la mejor.

El analista explica que este método no es un medio de aceptación general, pues restringe a consumir en un comercio o un bien a un particular, y no tiene un estándar de calidad, lo que podría traer otra serie de problemas.

Esto hace que “el vale haya sido una solución imperfecta”, comenta Bárcenas. Considera que con el control de estos mecanismos, el ente regulador busca “centralizar” las operaciones en moneda extranjera y “forzar” la demanda de bolívares “con el supuesto que eso va a aliviar la hiperinflación”.

Por su parte, Henkel García, analista financiero y director de Econométrica, explica que para que no haya “una sensación de escasez de billetes de baja denominación”, en el caso de la dolarización en Venezuela, cerca de un 75% debería ser billetes de 10, 5 y 1 dólares.

“De lo que uno puede apreciar, más de la mitad de los billetes que circulan en Venezuela (…) son billetes de 20, de 50 y de 100 [dólares]”, explica a la VOA.

Sobre los vales que se quisieron implementar, afirma que: “Este es un problema macro, y los problemas macro, deben tener soluciones macro”. Sin embargo, no lo descarta como una alternativa, si la opción respeta la libertad elección del consumidor.

“Todo esto nace por la carencia de un sistema de pagos en dólares interbancario, digitales y electrónico. Para eso hace falta que el Banco Central de Venezuela haga esa labor de compensación, pero de eso también luce bastante lejos”, comenta García.

Entre tanto, Leonardo Buniak, economista y calificador de riesgo bancario, explica que el Banco Central venezolano no tiene relaciones con la Reserva Federal estadounidense, por lo que no puede adquirir los dólares necesarios para inyectar a la economía venezolana, remplazar los más viejos o dañados y dinamizar el sistema de pago de la economía.

Si bien apunta que los mecanismos que surgieron son una respuesta a una necesidad de los clientes, considera que restringe las libertades del usuario al limitar ese dinero a un espacio o producto en particular.

“El tema del vale se viene convirtiendo, de alguna manera, en una respuesta sencilla, pero con muchas limitaciones y debilidades”, asegura Buniak.

/Escrito Por Adriana Núñez Rabascall / Luisana Solano / vozdeamerica.com