Están de moda varias falacias. Una de ellas es que la gente quiere los retiros porque la ayuda no ha llegado a tiempo. No tiene nada que ver una cosa con la otra.

Aún cuando se diera una alta renta universal en forma inmediata y expedita, la gente estaría feliz de sacar sus fondos. Hace años que el movimiento No + AFP quiere exterminar las AFP, las que se han convertido en chivo expiatorio de la rabia, tal como lo fue la estatua del general Baquedano, y, ceteris paribus, si se puede, conviene sacar los fondos de las AFP.

Si uno tiene pocos recursos, es la más alta ganancia, puesto que en vez de financiar uno mismo la pensión mínima, la financia el Estado. Si uno está por sobre ese mínimo, también conviene, porque no paga impuestos y tiene la libertad de traspasar los fondos a un APV u otra inversión y retirarla cuando uno quiera.

Además, dada la ola de retiros y políticos populistas, se está instalando cada día más el temor de una eventual y nefasta nacionalización de los fondos de pensiones.

Es decir, independiente de lo que se haga con las ayudas del gobierno, si se abre esta llave, en forma individual, conviene tomarla.

Este es un caso de dilema del prisionero, donde lo que conviene en forma individual no conviene en forma colectiva. El retiro de los fondos de pensiones está hundiendo el sistema de capitalización individual, que hay que perfeccionarlo (y cambiarle el nombre), pero es la mejor opción como pilar de un sistema de protección social para la vejez.

El sistema de capitalización individual es además un sistema aceptado y deseado, puesto que cuando se pregunta a los ciudadanos si quieren que un porcentaje adicional de cotización vaya a su cuenta individual o a un fondo común, la gran mayoría opta por lo primero.

Es así como individualmente siempre conviene sacar la plata de las AFP, pero lo que conviene colectivamente es cuidar el sistema de pensiones, y recibir las ayudas por otra vía.

Para romper el dilema del prisionero es necesario que quien retira los fondos, y también quien lo promueve, internalice el costo de hacerlo. La disminución de la futura pensión no es el trade off real ni suficiente.

Una idea interesante es la planteada por el economista Joseph Ramos, respecto a que quien retire los fondos acepte postergar su edad de jubilación. Otra vía es que quien retire los fondos, si logra con esto recursos suficientes para cubrir sus necesidades fundamentales, no reciba otras ayudas del gobierno. Alternativamente, se puede diseñar un esquema en que el cotizantes devuelve estos fondos a su cuenta.

Independiente de la fórmula, lo importante es internalizar el costo de los retiros y no empobrecer más a los ciudadanos y al país.

/Escrito por Paola Assel para El Lïbero

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