En los últimos días, hemos conocido algunas iniciativas que, en mi opinión, son inconsistentes, en el sentido que los objetivos generales no se podrían lograr con la “bajada” a objetivos específicos y menos con los instrumentos que se esbozan en esos proyectos, ideas y programas. Da la impresión que algunos actores participan en el juego político con el tejo pasado.

Es posible señalar que la suma de lo que indican algunos programas de precandidatos presidenciales, siendo evidente en el caso del señor Jadue, es de tal magnitud, que los recursos totales que requerirían simplemente no son alcanzables en un período de cuatro años. Otra inconsistencia, o despropósito, son las propuestas parlamentarias sobre bajas de impuestos y retiro de los fondos de pensiones.

El 10% del PIB que plantea el programa del pre candidato comunista, como gasto público adicional, significa cerca de 30 mil millones de dólares. Con un mínimo de responsabilidad, sabemos que un aumento anual en el gasto fiscal de esa magnitud no podrá financiarse en el corto plazo, considerando además la presión fiscal de compromisos que ya existen.

Un caso de texto -o de patio, diría un mal intencionado- son las iniciativas que permitirían retiros del 100% de los fondos de pensiones. No se ha explicado cómo se financiarían las jubilaciones futuras de quienes ya no tengan esos ahorros. También es un misterio comprender por qué aumentarían las pensiones sin AFP ni Aseguradoras de Rentas Vitalicias, con los mismos recursos fiscales indicados en las distintas propuestas sobre previsión social

Del mismo tipo, aunque con muchas mayores consecuencias negativas, son planteamientos de integrantes de la Convención Constituyente, que son casi delirantes, ya que parecen basarse en el conocido realismo mágico, una de cuyas definiciones (Roth) es que “está anclado en la vida cotidiana, pero tiene matices de fantasía o maravilla”.

En suma, lo que conocemos sobre aumentos de ingresos, pensiones, impuestos, y otros, es imposible que se materialicen en los cuatro años de un período presidencial, ni que puedan tener proyección práctica, aunque estén en la Constitución. Por otra parte, las expectativas que producen los planteamientos sin plazos pueden ser un bumerán respecto a la insatisfacción social.

La famosa frase “seamos realistas, pidamos lo imposible” tiene sentido en un universo de adolescentes, pero no pertenece al ámbito de la política aquí y ahora, con la carga que tiene nuestra historia reciente, llena de desconfianzas, expectativas desmesuradas y respuestas desatinadas.

Es dable pensar que si esto se plantea cuando recién estamos en modo pre Convención y antes de las primarias, cómo será al aproximarse las elecciones definitivas. No existe un futuro mejor si en política se juega no solo rayuela, como dijimos, sino que póker, con la frase típica “tus dos y dos más”.

/Escrito para El Líbero por Hugo Lavados, Ex ministro de Economía